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miércoles, 11 de enero de 2017

DEUTERONOMIO
DEVARIM (PALABRAS)
דְּבָרִים
Δευτερονομιον

NOMBRE. Deuteronomio (Δευτερονομιον) significa Segunda Ley. El nombre de Deuteronomio se lo dio la LXX, la versión griega del A.T., debido a que en el libro se repite la ley (10 mandamientos) dados en el libro del Éxodo. Se encuentra en el capítulo 5. 
NOMBRE HEBREO DEVARIM (PALABRAS דְּבָרִים) lo toma del capítulo 1: “Estas son las palabras”. 
TEMAS. Trata la compasión, misericordia y piedad para con los migrantes, pobres, viudas, huérfanos, despojados, marginados, indigentes, extranjeros, memoria colectiva de la redención…
Otros temas de suma importancia son idolatría, profetas, reyes y gobernantes, líderes, obediencia, exilio como castigo…
Sobresale el mandamiento de elegir el camino de la bendición, no como opción, sino como mandamiento.
JUSTIFICACIÓN POR LAS OBRAS (OBEDIENCIA A LA LEY.) Deuteronomio 6:25 (NVI): Y si obedecemos fielmente todos estos mandamientos ante el SEÑOR nuestro Dios, tal como nos lo ha ordenado, entonces seremos justos.
Como respuesta del N.T., tenemos Romanos 3:20 (NVI), que dice: “Por tanto, nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley; más bien, mediante la ley cobramos conciencia del pecado”. 
Y Gálatas 2:16 (NVI): “Sin embargo, al reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él y no por las obras de la ley; porque por éstas nadie será justificado”. 
Complementa también Romanos 3:21 (NVI) “Pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas”.
Pablo da una respuesta muy amplia a la doctrina de la justificación, con los temas Ley, Cristo, fe. 
La Ley es un ayo o preceptor, guía que conduce a la gente a reconocer su condición de pecado, a tener conciencia de él. 
Asimismo la ley nos lleva a Cristo, el remedio definitivo de Dios para el pecado, y el medio de Dios para tener una buena relación con él por medio de la fe, la única y exclusiva condición establecida por Dios para relacionarse bien con él. 
Cristo y fe son la condición para ser justos delante de Dios. Ninguna obra buena, ninguna obra considerada buena lo es a los ojos de Dios, de acuerdo con los estándares derivados de su santidad, como para ser considerada buena, menos aun por la naturaleza humana, cargada de corrupción y maldad. 
Lo único bueno delante de Dios es el sacrificio de Cristo, con el cual se puede acercar el hombre a Dios, y ser aceptado, con toda seguridad por Dios.
Cristo es la ofrenda provista por Dios para satisfacer su justicia, y depositar la fe personal en ese cordero de Dios que quita el pecado del mundo es el requisito para ser perdonado y aceptado por Dios. 
Pablo remata diciendo que “el justo por la fe vivirá”. 
EXTERMINIO DE PUEBLOS (9.3-6 DHH). 3«Ahora pues, deben saber que el Señor su Dios es el que marcha al frente de ustedes, y que es como un fuego devorador que ante ustedes destruirá y humillará a esas naciones. Ustedes los desalojarán y los destruirán en un abrir y cerrar de ojos, tal como el Señor se lo ha prometido. 4Cuando el Señor su Dios los haya arrojado de la presencia de ustedes, no se digan a sí mismos: «Gracias a nuestros méritos, el Señor nos ha dado posesión de este país»; pues si el Señor los expulsa, es por causa de la maldad de ellos. 5No, no es por los méritos ni por la bondad de ustedes por lo que van a tomar posesión de su país; el Señor los arroja de la presencia de ustedes a causa de la maldad de ellos y para cumplir la promesa que hizo a Abraham, Isaac y Jacob, antepasados de ustedes. 6Han de saber que no es debido a los méritos de ustedes por lo que el Señor su Dios les da la posesión de esa buena tierra, pues ustedes son un pueblo muy terco.
Dios muestra su gloria al aplicar su juicio y justicia. Los judíos no exterminaron a los habitantes de Palestina como una guerra de exterminio étnico. La maldad de esos habitante había llegado al límite y el Señor ejerció su justicia al tiempo que daba la tierra por heredad a la descendencia de Abraham. Su maldad no se veía sólo en la idolatría, sino en las ofrendas de las vidas de sus niños a sus deidades. Adoraban a sus dioses a costa de la vida de inocentes, plenamente inocentes, como los niños.
ELECCIÓN. Este tema, como otros, destaca en el panorama de la relación entre Dios e Israel. Dios eligió a esta etnia porque quiso: Deuteronomio 7:7-8 (DHH) 7«Si el Señor los ha preferido y elegido a ustedes, no es porque ustedes sean la más grande de las naciones, ya que en realidad son la más pequeña de todas ellas. 8El Señor los sacó de Egipto, donde ustedes eran esclavos, y con gran poder los libró del dominio del faraón, porque los ama y quiso cumplir la promesa que había hecho a los antepasados de ustedes
Dios eligió a los descendientes de Abraham sólo porque quiso. No eran dignos del amor de Dios (como todo ser humano). Carecían de todo mérito, y por ello la soberanía divina muestra su gloria, grandeza, misericordia, gracia y lealtad a su palabra y nombre. Dios eligió a Israel porque quiso. (Igual fue con Abraham, Isaac, Jacob… los apóstoles y la iglesia.)
Como contraste, la iniciativa divina brilla en todo su esplendor en la elección, pues el hombre, en su naturaleza, es incapaz de buscar a Dios. Para el hombre es imposible buscar al Señor y relacionarse con él, por eso Dios glorifica su nombre al elegir a quien él decide amar. 
La postura engreída del judaísmo dice que Dios eligió a Israel porque el Señor ofreció su Torá a los pueblos de aquel tiempo, pero que sólo Israel la aceptó, y por eso el monoteísmo es una herencia judía de Israel al mundo. 
Nada más cierto que lo contrario. Ese pueblo era idólatra, como se puede leer en toda La Escritura. Asumir el monoteísmo les llevó siglos como trato y educación de Dios a costa de exilios, guerras y predicaciones de los profetas. 
EL GRAN MANDAMIENTO. Deuteronomio 6:4-5 (RVR1960) Oye, Israel: El Señor  nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
El mandamiento más grande es amar al Eterno, con toda pasión posible, global, holística. Dios es lo más digno de ser amado por el ser humano y éste ha de mostrarle su amor en todas las áreas de su desempeño. Así, toda categoría humana es campo pasional, escenario de adoración, morada de intimidad, hábitat para vivir una relación de profundo amor, ternura y culto a Dios cada día de la vida del hombre. No hay esfera humana libre de la manifestación de amor a Dios. El amor por él, como timón, guía al hombre a una vida de limpieza, santidad, ética, pureza y devoción a Dios. 
HEDONISMO Y GRAN MANDAMIENTO. Creados para amar y adorar, la humanidad entera gira alrededor de ello. Amar es de naturaleza relacional. Adorar de naturaleza espiritual. Ambos se juntan en las actividades del ser humano. 
El hombre ama cualquier cosa cuando no ama a Dios. Cuando ama a Dios, todo en el mundo ocupa su lugar correcto. Cuando no ama a Dios, lo que más ame en el mundo será su dios. 
Amar es parte de la naturaleza del placer. Amar es placentero. Creados para amar, creados para el placer, para gozar y disfrutar, lo vivimos cada día. 
Se ama la música y en ella se encuentra un gran placer. La música es fuente de placer. 
Se ama el arte gráfico como fuente de placer, en sus áreas de la pintura, escultura, el canto, la literatura, así como elementos de otras áreas, como las ciencias, y el fruto de la industria, bebidas alcohólicas como vino, cerveza, whisky, cognac… y el tabaco en cigarro, habanos… o drogas, sexo… cine…
El hombre adora y ama. Y si no ama a Dios, ni lo adora, terminará amando y adorando otra fuente de placer. 
El gran mandamiento nos remite al Edén. Allí, el hombre vivía en un placer continuo, ininterrumpido, inagotable, sin fin. 
Por un lado ejercía la mayordomía y el desarrollo de la cultura, pues para cuidar la creación debía diseñar herramientas e inventar lo que necesitara para llevar a cabo las tareas encomendadas por Dios para su diario vivir en el huerto. Parte de la bendición era el trabajo, dado por el Señor, como mandato para cuidar y administrar el planeta. 
Por otra parte, además de trabajar y desarrollar cultura e industria, estaba el lado pasional, el lado del amor. 
Vivía encuentros diarios con su Señor creador, quien venía a su encuentro después de cumplir Adán con sus labores. 
Dios, como fuente de placer estaba disposición, y al alcance del ser humano como algo natural, de todos los días. Sin obstáculos ni impedimentos, sin estorbos ni desvíos. 
Moisés sabía cuál era la mayor fuente de placer, la fuente inigualable, única, perfecta… ¡la gloria de Dios! 
Por eso, en el libro del Éxodo es la petición del profeta libertador al Eterno: “muéstrame tu gloria”. 
¿En que consistía esa petición? ¿Qué habría de experimentarse al tener contacto con Dios de esa manera? 
¡Vivir el éxtasis de contemplar al Santo, al puro, al único, en su esplendor, su grandeza, su bondad, su misericordia, su poder, su excelsitud, no posibles en ningún elemento de este mundo!
¿Qué ofrece el pecado? ¿En qué consiste su engaño para el ser humano? ¿Por qué cedemos a la tentación? 
Satanás le dijo a la mujer: “¡No moriréis!” 
Contradijo a Dios abiertamente. Después incita y apela a los sentidos (canales para experimentar placer) y la mujer cae. 
Reiteramos. ¿En qué consiste el engaño del pecado? ¡En hacerle creer al hombre que el placer encontrado en el pecado es más deseable que el dado por Dios!
En otras palabras, Dios, como fuente de placer, es pervertido en el engaño del pecado que, por cierto, si da placer, alguna modalidad y tipo, pero a costa de degradar y pervertir al ser humano. 
Contraste con el placer encontrado en el pecado, Dios da una fuente inagotable, perenne, sin fin, santo, creciente en pureza y perfección de manera gradual, afirmando la personalidad de la persona que lo ama y adora. 
Amar a Dios, vivir para él como adorador, lleva a quien lo ama por el camino de la fuente más placentera, gozosa, dichosa, plena, de una alegría desconocida para este mundo. 
Dios es la dicha, el gozo, la felicidad pura y eterna. Experimentarlo a él conduce a quien lo adora a vivirlo en adoración y por ello es la alabanza, el canto, la declaración de amor sin fin, la paz emanada de su gloriosa presencia. 
Cristo, de acuerdo con el Nuevo Testamento, es la imagen visible del Dios Eterno, fuente de amor, paz, bienaventuranza. 
Es, por lo tanto, el perfume, color, poesía, melodía, amanecer, aurora, luz, aire, oxígeno, paz, gozo, dicha y alegría, la felicidad que acabará jamás, y que está en el ser humano, ahora es parte de quien lo sigue, de todos y cada uno de sus adoradores, él es el todo, él es la vida misma de sus adoradores. 
Por algo lo siguieron y siguen, hasta el día de hoy, millones de personas por todo el mundo, algunas de ellas incluso a pesar de correr el riesgo de ser perseguidos a muerte y de vivir toda pérdida, no sólo de la vida, sino de familia, amados, amigos, nacionalidad…
Amar y adorar, como fuente de placer, son parte del Gran Mandamiento. 
MALDICIÓN Y BENDICIÓN, OBEDIENCIA Y DESOBEDIENCIA, LIBRE ALBEDRÍO
Deuteronomio 11:26 (NVI) “Hoy les doy a elegir entre la bendición y la maldición”:
Deuteronomio 30:15 (NVI) “Hoy te doy a elegir entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal”.
Deuteronomio 30:19-20 (NVI) 19Hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes. 20Ama al SEÑOR tu Dios, obedécelo y sé fiel a él, porque de él depende tu vida, y por él vivirás mucho tiempo en el territorio que juró dar a tus antepasados Abraham, Isaac y Jacob.
Deuteronomio 27:26 Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas. Y dirá todo el pueblo: Amén.
La postura arminiana sostiene, como pilar de su teología, la libertad humana, el libre albedrío. 
Como contraste, La Escritura describe al hombre en dos realidades: libre si tiene como su Señor a Jesucristo, esclavo si el pecado es su amo. 
Visto así, tiene dos señores: Jesucristo o el pecado. 
El hombre fue creado para la libertad que, en La Escritura se vive sólo si se es parte del reino de los cielos, sólo si uno ha sido libertado por Cristo, sólo si es nacido de nuevo y vive bajo la libertad y llenura del Espíritu Santo, bajo su señorío y el de Cristo. 
La esclavitud es inherente a la persona que peca. En cuanto comete pecado es esclavo para siempre del pecado, del mundo y de Satanás. 
Creer en el libre albedrío implica la certeza de tener la capacidad de obedecer toda demanda de Dios, cumplir con sus mandamientos y elegir a Dios en vez de pecar, resistir toda tentación y poder despreciar al diablo, resistirlo y buscar a Dios. 
Sin embargo, La Escritura dice lo contrario: Nadie busca a Dios. Nadie. Buscarlo va en contra de la naturaleza del hombre, que sólo busca pecar y saciar su sed de todo, menos de Dios. 
Al crear Dios al hombre con una naturaleza adoradora, el hombre termina adorando lo que sea, menos a Dios. Creer que es libre, con la capacidad de elegir a Dios, y jamás buscarlo, sólo confirma su estado de vivir en una condición de maldito, de acuerdo con Deuteronomio: 27:26 (RVR1960) Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas. Y dirá todo el pueblo: Amén.
Deuteronomio enmarca al hombre en un pacto. Todo el pueblo repetiría las maldiciones y su acuerdo para comprometerse en cumplir con toda la ley. 
La maldición termina, cayendo sobre quien no cumpla con todo lo mandado por la ley. 
Gálatas cita este versículo como maldición sobre los gálatas que estaban abandonando la vida y salvación dados por gracia por medio de Cristo. Los judaizantes les habían hecho creer que para ser salvos debían creer en Cristo y además cumplir con la ley. 
¡Se estaban haciendo malditos en vez de vivir en bendición! ¡Se hacían esclavos malditos, en vez de libres benditos!
Notemos, por otro lado, que Dios no dio nunca la oportunidad de elegir, no dejó al albedrío del hombre escoger lo que éste considerara mejor. 
En Edén no le dijo al hombre “si quieres puedes comer…” Fue claro cuando les dijo “(Génesis 2:16-17 RVR1960) De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás…”
No dio opciones. Fue un mandato claro, cuestionado más adelante por Satanás. 
El Señor no dio a elegir. Le dijo al hombre qué elegir. Y en toda La Biblia es igual. Dios manda qué elegir, como en Deuteronomio 30:19-20 (NVI) 19Hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes.

Y cuando el Señor Jesús, llama a sus discípulos, tampoco da opción: “¡Sígueme!”; entiéndase, no es una opción, sino un llamado categórico.

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