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domingo, 11 de junio de 2017

SÓLO CRISTO (Isaías 12 NVI)

SÓLO CRISTO (Isaías 12 NVI) 
INTRODUCCIÓN
Isaías 11 ha descrito un final feliz. Los pueblos, las etnias, las razas todas viven en paz. No hay más guerras ni motivos de guerra, exterminio, abuso… no hay criminalidad. 
Tampoco hay envidia. Ni entre pueblos ni entre individuos. Un país pobre no tiene envidias de uno rico. Una etnia sin poder no envidia a una poderosa. 
Más aún, entre naciones y etnias enemigas hay amistad, concordia, unión y afecto, buenas relaciones y una armonía inéditas. 
Incluso la flora y la fauna han sido transformadas. Una vaca y un oso conviven sin riesgos de depredación. No hay nada de eso de que “el pez grande se come al pez más chico”. El león y el buey comen paja, y un bebé juega con serpientes que hoy con consideradas de sumo peligro. 
Aclaro: esta descripción es idílica, romántica, imaginativa, hermosa, de un mundo desconocido para nosotros. 
No quiero decir que es una fantasía y que no se cumplirá. Lo que afirmo es que Dios describe un mundo perfecto. Pero lo describe en términos familiares para nosotros. Un mundo así nos parece propio de una imaginación fantasiosa porque no concebimos algo semejante. 
No obstante, el texto es claro: describe un mundo perfecto, inédito para nosotros, desconocido, de una perfección que escapa a nuestra comprensión. 
Todo en ese mundo nuevo, en la nueva creación, apunta a una perfección más allá de lo conocido por nosotros. 
La naturaleza toda ha sido cambiada, todo, sea mundo violento, de odio, de crimen y muerte ahora, en esta nueva creación, aspira paz, transmite el orden de Dios, se ha convertido en la morada del Dios Eterno, y esta nueva creación es habitada por el hombre nuevo, la nueva humanidad renovada, nacida de nuevo en Cristo. 
 Esta nueva creación es vista en esperanza, declarada en fe como una certeza de que Dios cumplirá su plan por medio de este renuevo, hijo de Isaí, descendiente del rey David, de la tribu de Judá, el Mesías Cristo. 
Este Mesías, este Ungido tiene sobre sí lo que suyo es: El Espíritu de Dios, el Santo Espíritu en una manifestación absoluta, total. 
Bajo esa llenura es dirigido por los planes de Dios para su creación, para las relaciones entre los hombres y entre los hombres y Dios. 
Es el juez justo, perfecto, piadoso y compasivo, recto, santo y de una justicia desconocida por el mundo. 
Juzgará a los pobres con justicia y los mansos serán defendidos por él. Los otros, los impíos, serán sujetos a su juicio, y terminará con la vida de ellos. 
Él les quitará la vida a los impíos, mientras que los justos, los pobres y los mansos recibirán la tierra por heredad. 
Dejemos en claro que los justos, los mansos y los rectos son personas específicas, hombres y mujeres que depositaron su confianza en él, le creyeron en todo, esperaron en él y creyeron que al final de los tiempos, en la nueva creación morarían con él y verían su gloria, serían parte de su reinado y permanecerían con él por la eternidad. 
Quienes serán parte de la Nueva Creación son llamados “el remanente”. Pertenecen al Israel de Dios, a su vid, a la vid verdadera, Cristo. 
Israel, él étnico, es llamado “la vid” en el A.T., por los profetas y en especial por Isaías, quien entona la canción de su amado por su viña. 
No obstante, cuando llegamos al N.T., sobre todo al evangelio de Juan, Jesús dice de sí mismo que él es la vid verdadera. 
Va más allá al decir que es también el templo de Dios. Y al avanzar por el Nuevo Testamento y las epístolas, es llamado nuestra justicia, santificación, sabiduría, redención… se agrega a todo ello, que él es el todo en todos. 
Dicho de otro modo, Cristo es proclamado como la persona, como el Ungido, como el centro al cual apuntan todas las profecías, todas las promesas de Dios, de tal manera que llega a ser visto como el nuevo hombre, en quien residimos todos para ser hijos de Dios, como el nuevo hombre en quien somos ahora su pueblo, como el primogénito de la creación gracias a quien ahora tenemos todo y él es todo en todos nosotros. 
Él es el sentido, la significación de la vida de todo cristiano, de toda persona identificada por el Nuevo Testamento como discípulo suyo. 
Sin él la vida cristiana pierde sentido, rumbo, dirección, meta y significación. 
Veamos ISAÍAS 12 y cómo se cumple en Cristo.


1En aquel día tú dirás: «SEÑOR, yo te alabaré aunque te hayas enojado conmigo. Tu ira se ha calmado, y me has dado consuelo.
¿En cuál día? El descrito por Isaías 11, el de la nueva creación. ¿Quién habla y a quién? 
Dios le habla al hombre. Él es quien le dice al hombre “En aquel día tú dirás:” 
Repito: ¿En cuál día? Porque ahora la respuesta puede formularse de manera distinta: “En el día en que te brindaré la bendición de estar conmigo”, en el día en que contemplarás mi gloria”. 
El Señor Jesús oró al Padre: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” Juan 17:24 (RVR1960).
¿Y qué decir del enojo de Dios? ¿Y qué hará el redimido? Éste último, el redimido, hablará con el Señor y lo alabará porque el enojo de Dios habrá pasado y Dios mismo le concederá paz, consuelo y reconciliación, así como los motivos de satisfacción para sus demandas de justicia. 
¿Cómo se calmó la ira de Dios? ¿Quién la aplacó? ¿Quién sino Cristo en la cruz fue quien recibió los azotes de la justicia y la ira de Dios para que el beneficiario del sacrificio de Cristo tenga ahora paz del cielo? 
¿Quién sino Cristo es el consuelo para el creyente, la paz y el motivo de adorar, amar y servir al Padre? 
“En aquél día” no es sino el día en que la petición de Cristo tendrá plena satisfacción de parte del Padre y todos los redimidos cantarán, como dice Apocalipsis, la nueva canción, el canto de los redimidos. 
“En aquél día” dirás: «SEÑOR, yo te alabaré…» Vivir agradecido. El sentido de la gratitud conlleva admiración, adoración, elogios, alabanza. 
וְאָֽמַרְתָּ בַּיֹּום הַה֔וּא אוֹדְךָ יְהוָה
Gratitud cantada con todo: manos como señal de gratitud, alabanza, confesión, adoración. Él es mi Señor. El Eterno es todo para mí. La mano como sinécdoque.  Todo yo soy adoración, soy ofrenda que adora y es entregada para darle alabanza a quien me creó para eso, adorarle con todo cuanto hago. 
Vivo para mi Señor, soy siervo, mi servicio es una manera de adorarlo y alabarlo. 
Como servidor le expreso mi amor, mi pasión por vivir para él. Cantarle no es el todo de mi adoración. Vivir para él sí, como dijo el apóstol, sea que vivamos o muramos, somos del Señor; y todo lo que hagan háganlo como para el Señor. 

CRISTO ES TODO EN TODOS 
2¡Dios es mi salvación! Confiaré en él y no temeré. El SEÑOR es mi fuerza, el SEÑOR es mi canción; ¡él es mi salvación!»
¿Qué es Cristo para el adorador? 
Salvación. 
Confianza (ausencia de temor).
Fuerza. 
Canción. 
Salvación.

EMOCIÓN EN LA NUEVA VIDA: ALEGRÍA
3Con alegría sacarán ustedes agua de las fuentes de la salvación. 
Ser salvos. Las imágenes de agua y fuentes hablan de la naturaleza de la salvación. 
En Isaías el pueblo estaba en graves peligros internacionales. Del norte venían grandes amenazas, peligro de exterminio. 
Las más grandes potencias estaban al norte y amenazaban con desatar las hostilidades bélicas contra Israel. En este momento es sólo el reino del sur, un pequeño reinado. 
Los del norte, las 10 tribus se han confabulado contra Judá, haciendo alianzas con el imperio más poderoso de su tiempo. 
Imagínate que poderosos políticos arman un complot contra ti. ¿Qué puedes hacer? Ve, observa, mira la realidad. Cuando alguien tiene poder, y es maligno, descarado, sin valores y cínico, hace gala de su poder de la manera más inopinada, sin vergüenza, como cuando un político fue a ver a 43 padres de familia del estado de Guerrero a decirles, sin asomo de pena, “ya supérenlo”. 
¿Quién puede hacer eso? Hablo de mi país, pero ejemplos de abuso de poder hay en todo el mundo, si no, pregúntele a los 5 continentes. 
La salvación era concebido como salvación política, militar, social, financiera, étnica. 
Antes Isaías había mencionado aguas. Las de Mesopotamia, del río Tigris por ser un río caudaloso, abundante. 
Había hecho alusión a él haciendo una comparación entre Siloé, como estanque pequeño, tranquilo, pacífico, contrastado con las poderosas corrientes del Tigris. 
¿Qué prefería la persona que corría graves peligros? ¿El poder o la humildad? ¿La fortaleza o la pequeñez? 
O dicho de otro modo: ¿Qué elegirías? Porque en tu elección algo sería menospreciado. Si eliges el poder menosprecias lo débil, y si eliges lo grande menosprecias lo pequeño, lo insignificante. Así, elegir al Tigris menospreciaría el pueblo a Siloé. 
De cualquier manera, la salvación, en términos físicos, se espera de lo poderoso, fuerte, avasallante, no de lo débil. 
Y ser salvados viene acompañado de alegría, gozo, fiesta, regocijo y celebración. 
Lo contradictorio es que este pueblo jamás fue salvado por el poder militar de ninguna nación, de ningún imperio. 
Despreciaron a Siloé, pero Siloé era justamente la imagen del poder escondido, misterioso, espiritual, eterno, contrario a lo militar y carnal. 
De manera contradictoria el poder traería la muerte, angustia, sufrimiento, dolor y quebranto, y una agonía muy prolongada. Pero jamás la paz. 
Siloé, por el contrario, era visto por el profeta como el símbolo representante de la intervención de Dios, esperada con fe, con la certeza y la esperanza de que Dios manifestaría su salvación. 
Sacar aguas con alegría, de las fuentes de la salvación, suena a las palabras del Señor Jesús: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba, y de su interior, como dice La Escritura, saldrán ríos de agua viva”. 
Como símbolo, el agua representa limpieza, purificación, santificación, estar limpio para ser aceptado por Dios, como cuando el Mesías les lavó los pies y les dijo que ya estaban limpios y luego lo confirma en el capítulo 15: “Ustedes ya están limpios por las palabras que les he dicho”. (Juan 15:3 DHH). 
Su palabra limpia al ser humano en tu totalidad, como el agua al cuerpo. Por eso acudir a las aguas tiene su equivalente en ir a Jesús con alegría por ser quien es él, Dios venido al hombre.

ADORACIÓN GLOBAL: LA GRAN COMISIÓN.
4En aquel día se dirá: «Alaben al SEÑOR, invoquen su nombre; den a conocer entre los pueblos sus obras; proclamen la grandeza de su nombre 5Canten salmos al SEÑOR, porque ha hecho maravillas; que esto se dé a conocer en toda la tierra». 
En aquel día, ahora es uno previo al de la nueva creación, cofundido. No confundido. Cofundido, un día unido a otro. Este día es un día superpuesto, como interpolado, sobre encimado, aunado al día de la nueva creación. 
Este día anunciado es el día de la extensión de la adoración global de Cristo por todas las etnias, de acuerdo con el mandato del mismo Cristo: “Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. Mateo 28:18-20 DHH). 
Se juntan la adoración (aplaudir, aclamar, alabar, cantar, celebrar, confesar, declarar, exaltar, glorificar, (dar) gracias… “Alaben al Señor” dice el texto. 
“Invoquen su nombre”, como dice el Padre Nuestro: “Santificado sea tu Nombre”, sea dado a conocer por todo el planeta, entre toda etnia. 
Dar a conocer, hacer saber entre la humanidad sus obras, son sus obras de salvación y su regalo de las aguas purificadoras, la salvación por pura gracia dada por Dios por medio de su Mesías Jesucristo. 
Proclamar la grandeza de su nombre era la misión de Israel, anunciar quién es el Eterno y proclamar su amor y perdón de acuerdo con su Palabra. 
El fracaso de este pueblo era de esperarse. No es posible proclamar su nombre, vivir para él si no es por medio de quien es la salvación encarnada, el salvador prometido. 
No hay salvación en ningún nombre, sino en el de Jesucristo era la proclamación apostólica y lo sigue siendo hasta el día de hoy. 
La grandeza de su nombre. La grandeza de su gracia. La grandeza de su salvación se anuncia inmensurable. No hay patrón que la pueda medir. No hay parámetro que la iguale, por lo mismo no hay acción humana capaz de conseguirla. 
Proclamar su grandeza en Cristo, su gracia destruye la grandeza del hombre, que no es sino pequeñez. 
El hombre y sus mejores esfuerzos son nada, una inutilidad absoluta, basura, oprobio, nauseabundos, hedor de muerte dada su presunción. 
Los mejores esfuerzos del hombre para conseguir por sus méritos la salvación fuera de la grandeza de su gracia han quedado en el diseño religioso de ritos, de ofertas de muerte, vestidas de engaño y de perversión de La Escritura a fin de levantar monumentos al orgullo humano y desechar la gracia de Dios. 
Asombroso es el orgullo humano y sus engaños y mentiras que sólo pueden creer quienes levantan edificios doctrinales creíbles por una fe en el hombre, en sus propias obras y sus propios embustes. 
Visto desde la lógica lo diríamos así. ¿Puede un hombre inmundo hacer santo a otro hombre también inmundo? ¿Se puede sacar de lo mortal y destinado a podrirse algo imperecedero, santo, puro y eterno? ¿Una persona condenada al infierno es capaz o tiene la capacidad de hacer limpia a otra persona como ella y declararla santa? ¿Alguien condenado a morir por su naturaleza pecaminosa puede ser declarado digno de adoración por otra persona también pecaminosa? 
¿Puede una persona indigna ante Dios interceder por otros indignos como ella? 
Desde La Escritura todas las preguntas tienen una respuesta: ¡No! Porque no hay bajo el cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos. 
Jesucristo está presente en todo anuncio de la grandeza de la gracia de Dios: sólo en él hay salvación. Sólo por medio de él se puede llegar al Padre. Sólo hay un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre. 
La burocracia audaz y atrevida, orgullosa y cínica que dice tener el poder de declarar santos, incluso a quienes jamás existieron, como Juan Diego, se les aparecerá Juan Diego, como a Schulemburg hace años. 
Quien hace puentes humanos, sean santos, beatos, bobatos, vírgenes o no, sólo expresan un atrevimiento absurdo, maldito y maldecido por La Escritura, quien condena todo esfuerzo humano por desechar la gracia de Dios y diseñar un evangelio propio. 
De acuerdo con Pablo, está maldito quien confía en sus propios esfuerzos para conseguir la salvación que por pura gracia ofrece el Dios Eterno por medio de Cristo. 
El apóstol a los gentiles fue contundente: 6Me asombra que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio. 7No es que haya otro evangelio, sino que ciertos individuos están sembrando confusión entre ustedes y quieren tergiversar el evangelio de Cristo. 8Pero aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición! 9Como ya lo hemos dicho, ahora lo repito: si alguien les anda predicando un evangelio distinto del que recibieron, ¡que caiga bajo maldición! (Gálatas 1:6-9 (NVI)

ADORACIÓN ETERNA; ¿QUIÉN ES DIOS? 
6¡Canta y grita de alegría, habitante de Sión; realmente es grande, en medio de ti, el Santo de Israel!» Isaías 12:6 (BHS Bible)
צַהֲלִ֥י וָרֹנִּי יוֹשֶׁ֣בֶת צִיֹּ֑ון כִּֽי־גָדֹ֥ול בְּקִרְבֵּ֖ךְ קְדֹ֥ושׁ יִשְׂרָאֵֽל׃ 

Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel. Isaías 12:6 (RVR1960)
צַהֲלִי Grita de alegría. Canta: ser alegre; sonar claro (de varias expresiones animales o humanas):—brillar, clamor, dar voces, júbilo…
וָרֹנִּי  y regocíjate: gritar (usualmente de alegría):— alegrar, alegría, aplaudir, canción, cantar, clamar, gozo, gritar, grito, júbilo, regocijar, regocijo. 
Hay alguien a quien adorar. Para quien vivir. Él es quien le da sentido a la existencia. 
Sin él la vida toda, la existencia, pierde significación, sentido, color, luz, gozo, dicha. 
Porque él es la dicha misma, el amor mismo, y él, en medio de nosotros, el Santo de Israel, está con nosotros todos los días de nuestra vida, sin importar las circunstancias. 
Está en medio de nosotros, no porque lo sintamos. De hecho, sentirlo no es garantía de nada, sino en todo caso la subjetividad propia de quien dijo sentirlo. 
Lo preciso. Si estuviéramos en medio de una reunión de enfermos de fibromialgia, o de pacientes como Tere, con un diagnóstico grave, cuya enfermedad se manifiesta con mucho sufrimiento al grado de requerir inyecciones de morfina, ¿sentirían a Dios esos pacientes? 
Lo digo de otra manera. En medio de pacientes que padecen mucho sufrimiento físico, pero que celebran una reunión en el nombre de Jesús, ¿de qué depende la presencia del Mesías? ¿de que la sientan? ¿De que el Mesías les conceda sentirla? ¿Y si no les concede sentir su presencia, no estuvo? ¿O de todos modos estuvo en medio de ellos? 
Es un asunto de fe, no de sentidos. Ni el sentido del tacto, ni las emociones, ni sentido alguno, como la vista, determinan el cumplimiento de una promesa de Dios, ni siquiera la fe. 
Sus promesas son un asunto de fe. Creemos que él está en medio de quienes celebran una reunión en su nombre. 
No hay más. Si quienes se reúnen en el nombre de Cristo fueran pacientes de un tipo de autismo, incapaces de sentir empatía, de todos modos Jesús estará presente porque lo prometió. Sólo por eso. 
El cumplimiento de sus promesas jamás dependerá de nuestros sentidos, mucha, poca o apenas una brisa de fe. 
Depende de él. De su honor, su majestad, su grandeza, su honorabilidad. De su nombre y su portentosa gloria. 
Hoy y todos los días él estará contigo como lo prometió. Vivir bajo esa promesa no es una opción que dependa de ti, lo creas o no, o lo dudes. 

Él estará contigo, iglesia, sólo por un factor. Su palabra fue dada, su palabra se cumplirá.