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sábado, 28 de enero de 2017

SOLA FIDE (SOLA FE)

NO HAY OTRO EVANGELIO

Romanos 1:16-17 (DHH) 16No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para que todos los que creen alcancen la salvación, los judíos en primer lugar, pero también los que no lo son. 17Pues el evangelio nos muestra de qué manera Dios nos hace justos: es por fe, de principio a fin. Así lo dicen las Escrituras: «El justo por la fe vivirá.»
Gálatas 1:6-7 (RVR1960) 6Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. 7No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo
No hay otro evangelio. Siempre ha sido uno solo. Hay diferentes interpretaciones, pero la iglesia es responsable de fundamentar su fe en el evangelio recibido.
Nutrirse de él es responsabilidad personal y comunitaria. No hay otro evangelio. Éste es un evangelio de gracia, redención, perdón, gloria y juicio, fe, justificación, redención… todo en Cristo, fundados en Cristo, depositado en Cristo, para vivir para Cristo, darle gloria a Cristo y nada más. 
¿Por qué les escribió Pablo su epístola a los Gálatas? Porque se estaban judaizando. 
“El evangelio judío” (insistimos, no hay otro evangelio) era una perversión del evangelio de la fe en Cristo. Este evangelio judío era la perversión de la salvación por obras. 
La salvación por obras hace hincapié en la obediencia, la conducta humana, la ética, moral, llevadas a la perfección y al comportamiento intachable, ideales que no existen. 
El evangelio judaizado funda su doctrina en obedecer la ley, la vida de las obras, de la confianza en la conducta humana para “ganarse la aprobación divina, la salvación por obras”. Algunos dicen “para ganarse el cielo”. 
Eso, en cierta forma era “quedar bien con Dios”, justificarse con él, ganarse su aprobación, ser aceptado por él, ganarse el juicio y el favor divino, de tal manera que uno se librara, por méritos propios, de ser condenado por Dios al ser juzgado. 
Al fundamentar así el evangelio predicado al estilo judío, lo llevaba a uno de regreso, a la posición sin Cristo, a la vida antes de la llegada del Mesías, pero de una manera peor, porque ahora este evangelio implicaba el menosprecio del Mesías Jesucristo. 
Dicho menosprecio era consciente, porque echaba por tierra su sacrificio, despreciaba su enseñanza, su perdón, la gracia ofrecida por Dios, su redención y la reconciliación y justificación delante de Dios, que era la verdad de ser aceptados, aprobados, recibidos en plenitud de santidad por Dios, gracias a confiar y poner la fe en Cristo. 
Era como regresar del cielo a la tierra, de la limpieza y la santidad a la vida de lodo, de la sanidad a la perversión, de la pureza a la depravación total. 
Significaba dejar de ser una persona sana y elegir, de manera consciente, una vida entre los cerdos, ratas, y lo peor imaginable.  


NO HAY OTRO EVANGELIO
Gálatas 2:11-21 (RVR1960) 11Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. 12Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. 13Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos. 14Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar? 15Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles, 16sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado. (Gálatas 2:16 (NVI) 16Sin embargo, al reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él y no por las obras de la ley; porque por éstas nadie será justificado.)17Y si buscando ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera. 18Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago. 19Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. 20Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. 21No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.
LA VIDA DE LA FE
Descansa en Dios. La fe tiene una descripción muy conocida en Hebreos 11. Pero apunta, el tener fe, con esta afirmación: Hebreos 12:2 (RVR1960) 2puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
Cristo es el centro de la fe. La se centra en él. No cuenta cuánta fe tienes, sino cómo la cimientas en él, y qué crees tanto de él como de lo que declaras acerca de él y de tu fe. 
Hay quienes tienen fe en su declaración, en sus dichos, no en Cristo. Cuando alguien ora y declara: “yo decreto, yo profetizo que esto será hecho… (lo que oró y declaró en su oración)”, en realidad declaró tener fe en su propia palabra, en su discurso. 
Su fe está en sí mismo, no en Cristo. Su fe está en su capacidad, en su humanidad, en “su magia”, en su potencial para declarar, pero no en Cristo. 
De hecho, “su declaración” es igual a “su obra”, sus actos, su autosuficiencia, sin necesitar a Cristo. 
La fe bíblica tiene otro sentido, un contexto, un campo diferente a lo declarado por la capacidad humana. 
Es una fe en quien lo puede todo, como limpiar la vida toda, en plenitud, con un perdón total, con hacernos santos (no perfectos con el concepto católico de perfección), sino con elegirnos para ser suyos, de Dios, en Cristo. 
La fe bíblica es de naturaleza divina, dada por Dios, fundada en Dios, depositada en Cristo, dependiente de Cristo, no de las declaraciones propias. 
La fe bíblica le dice al hombre: nada de lo que hagas para ganarte el perdón de Dios, tiene valor. Nada de lo que hagas para quedar con Dios te servirá de algo. Nada de lo que hagas te dará el amor de Dios. Nada de lo que hagas te hará una mejor persona delante de Dios. Nada. Nada. ¡Nada!
Por otro lado, la fe bíblica te dice: Cristo ha hecho todo por ti. Cristo ha hecho todo para que seas salvo de una condenación eterna debido a tu pecado. Cristo te justifica delante de Dios. Cristo es todo para ti. Cristo es la única posibilidad de que seas aceptado por Dios, aprobado por Dios, redimido por Dios, y de que veas la gloria de Dios
La fe bíblica te dice: todo lo que puedes hacer para quedar bien con Dios, es nada (de tu capacidad humana) porque Cristo es todo (es el don divino, él es la manifestación suprema de la gracia de Dios). Cristo fue maldecido por Dios, sufrió el castigo de tus pecados, y la ira de Dios fue descargada sobre él, su muerte y sacrificio, además de ser el pago por toda tu maldad, fue muerte vicaria, vivió lo que tú debiste haber sufrido. Tus pecados no quedaron impunes, fueron castigados en él.
En esa fe vemos algo más, la incapacidad humana, y la gloria de Dios, su glorioso poder, su grandeza, su santidad y excelsitud al mostrar de manera inconcebible su gracia y amor redentores. Sólo él puede satisfacerse a sí mismo en santidad y justicia, y eso es Cristo para nosotros ante Dios.  

LA LEY
La ley tiene un mensaje para ti: no puede cumplir con lo que exijo. Si aceptas mis condiciones caes bajo maldición, porque así lo establezco. Yo te maldigo si aceptas mi propuesta, y esa maldición estará sobre ti si quebrantas uno solo de mis mandamientos. Maldito serás por a eternidad, a partir de tu presencia en la tierra. 
Eres maldito si por un momento aceptas mis términos y no los cumples. Tu maldición te apartará de Dios y jamás podrás, por tus propios esfuerzos, quedar bien con Dios, porque no podrás cumplir lo que exijo
¿Alguna vez has sentido envidia? ¿Odias a alguna persona? ¿Sientes ira contra alguien de tu familia o de tu congregación? ¿Has experimentado rencor? ¿Has cometido adulterio? ¿Has robado? ¿Has mentido o hablado mal de alguna persona? ¿Chismeas? ¿Eres stocker en el FB y husmeas en él para alimentar de allí tu maldad y todos tus insanos deseos contra personas específicas? ¿Alguna vez has blasfemado o maldecido? ¿Has adorado a algo o a alguien más que a Dios o siempre, en tu vida has hecho la voluntad de Dios? 
Si tu respuesta es sí a alguna de esas preguntas, entonces la respuesta de la Ley para ti es: ¡Estás maldito! ¡Has caído bajo maldición! ¡Estás condenado al juicio y al castigo eternos y nada te puede salvar! 
Al mismo tiempo la Ley te da un indicio, te señala a alguien: Cristo. Te dice dice: “él ha cumplido con todos mis mandamientos. Sólo él. Nadie podría jamás cumplir con ellos. Si recibes todo el cumplimiento de Cristo acerca de mis mandamientos en tu favor, entonces todos los méritos de Cristo son tuyos. La maldición que pesaba sobre ti pasa a ser de él, y su justicia, su perfección delante de Dios te son concedidos como un favor divino. Todo eso tuvo un costo que sólo Cristo podía pagar y te puede ser dado por Dios porque tú jamás podrás pagar nada. Tú jamás podrás pagar nada. Tú jamás podrás pagar nada. ¡Cristo ha pagado todo! ¡Cristo ha pagado todo. Él es el todo de tu vida, él es el todo de Dios para ti
La Ley te guía y te dirige a Cristo. Su utilidad para ti es que seas condenado y seas más consciente de tu maldad, tu pecado, tus perversiones y tu merecida condenación. 
6Sin embargo, al reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él y no por las obras de la ley; porque por éstas nadie será justificado.)

FE Y OBRAS
Gálatas 3:6-7 (RVR1960) 6Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. 7Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.
Abraham le creyó a Dios y eso fue todo. Dios lo aceptó. Lo hizo justo. Habacuc expresa. “el justo por la fe vivirá”.
En Habacuc el sentido tiene otro ambiente, con el significado de “fidelidad”, y describe a un creyente que por ser leal, sobrevivirá a la manifestación de la gloria de Dios. 
En Habacuc la justicia de Dios se manifiesta en un juicio contra el pueblo rebelde, obstinado, necio e idólatra que abandonó a Dios. Por lo tanto, el Señor aplica su justicia y manifiesta su gloria. Dice de su gloria “Y la tierra será llena de su gloria como las aguas cubren la mar”. 
Significa: viene una matanza global, general contra este pueblo. Así manifestará Dios su gloria, con una matanza global. Esa matanza será la manifestación de la gloria de Dios. 
En medio de esa manifestación de la gloria de Dios, el fiel sobrevivirá, retendrá su vida, Dios lo guardará de ser parte de la manifestación de la gloria de Dios. 
Pablo cita ese versículo con un sabor específico: quien pone su confianza en Dios, igual que Abraham, es aceptado, aprobado y declarado limpio delante de Dios para ser librado de una condenación eterna. (En Habacuc es ser librado de la muerte por la guerra.) Esa fe depositada en Dios, tiene un recipiente, tiene un receptor, es Cristo
Pablo escribió acerca de la fe, acerca de Cristo y la salvación, como una composición musical, variaciones sobre un mismo tema: 1:16-17 (DHH) 16No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para que todos los que creen alcancen la salvación, los judíos en primer lugar, pero también los que no lo son. 17Pues el evangelio nos muestra de qué manera Dios nos hace justos: es por fe, de principio a fin. Así lo dicen las Escrituras: «El justo por la fe vivirá.»
Y en Efesios 2:8-10 escribió:  (RVR1960) 8Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9no por obras, para que nadie se gloríe. 10Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Judaizarse, guardar el sábado, comprar una kipá, hacer ritos judíos como la pascua, rezar sus oraciones, guardar el sábado, ponerse un manto para orar, prender velas el sábado y seguir todo lo demás, nos coloca en el centro del enfoque paulino de vivir un evangelio torcido, y nos regresa de la bendición a la maldición. 
No que haya otro evangelio, dijo, sino que algunos lo pervierten. El evangelio tiene su fuente en Dios, su manifestación en Cristo, su propagación por los apóstoles y su aceptación en quienes Dios eligió para ser seguidores de Cristo, judíos y no judíos. 
El evangelio es Dios y Cristo, es el Espíritu Santo y el creyente, quien deposita su fe en el acto redentor de Cristo. 
Vivir con fe en Cristo, es igual a vivir para él. La fe le da sentido y  dirección a la vida. 
Si no se deposita la fe en Cristo se depositará en algo o en alguien de todas maneras. 
Pero el sentido de la vida, la plenitud de la vida, sólo se dan en la fe en Cristo. Sin él, sin fe en él, la vida pierde toda significación.
La vida de la fe le da al creyente la dependencia correcta manifestada en adoración, en amorosa adoración y en participar de la extensión de la gloria de Dios entre todos los habitantes de la tierra. 
Entre sus principios, los reformadores establecieron el de “sola fide” (sola fe”), como contrapuesta al evangelio pervertido de su tiempo (y del nuestro) predicado en la iglesia de la cual salieron, donde se predicaba que el creyente conseguía la salvación por Cristo Más Otros medios, no sólo la fe. 
Esos medios o recursos eran buenas obras (caridad y dinero ofrendado), para ganar méritos y con ellos la salvación. 
Así, la fe estaba en Cristo y en el acto. Pero la Escritura es contundente cuando declara “por gracias sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios, para que nadie se gloríe”. 

Sólo por fe en Cristo se es salvo. 

viernes, 27 de enero de 2017

PERDÓN DIVINO, PERDÓN HUMANO

Mateo 18:23-35 (RVR1960)
Los dos deudores
23Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. 24Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. 25A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. 26Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 27El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. 28Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. 28Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 30Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. 31Viendo sus consiervos lo que pasaba, sé  entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. 32Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. 33¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? 34Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. 35Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.

Proverbios 10:12 (RVR1960)
12El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas.

A la luz de vivir bajo la gracia, en el campo de la fe, hemos de ver al Señor obrando por medio de su Espíritu con respecto a ciertas prácticas de sus hijos, como el perdón. 
Parte de la vida, como vivir bajo las normas del Reino de los cielos, bajo el gobierno del rey, está precisado en la parábola de los dos deudores.
Destaca la enseñanza del perdón y su contraparte, el rencor, el carácter legalista y, junto con éste, la actitud de juicio y la disposición para condenar.
En el Padre Nuestro, la oración enseñada por el Señor Jesús, como respuesta a la petición de los discípulos: «enséñanos a orar» (Lucas 11.1), el Señor Jesús les enseñó que debían decir: «perdónanos nuestras faltas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores» y culmina con la declaración: «porque si no les perdonan a los hombres sus faltas, tampoco su Padre que está en los cielos les perdonará sus pecados».
Tenemos un Dios perdonador, un Dios por cuya gracia, compasión y misericordia nos concede un perdón total. 
CON RESPECTO AL REINO VEMOS.
1. Hay un rey y juez universal, con leyes justas y absolutas. 
2. Todo hombre ha quebrantado sus leyes y todo hombre es culpable, por lo tanto, todos estamos bajo condenación, porque no hay ni una sola persona justa. 
3. Todo mundo necesita ser perdonado, absuelto y declarado no culpable. Aclaremos, no es lo mismo ser declarado «no culpable», que ser declarado «inocente». 
Cuando el hombre es juzgado por el rey eterno, es juzgado y encontrado culpable, merecedor de la muerte; pero ante Dios el juez, toda persona que ha reconocido que en la cruz Cristo fue el sacrificio que paga sus culpas, tiene en Cristo mismo un abogado, quien se presenta como quien ha pagado las faltas y los violaciones a la ley del rey. Más aún el pago por sus faltas es por todas sus faltas, por todos sus pecados, pasados, presentes y futuros.
La revelación profética dice que Cristo es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Quebrantar las leyes de Dios exigía un sacrificio puro, justo, limpio, santo, perfecto. Y el único sacrificio aceptado por el rey y juez justo, es el cordero que él mismo ha preparado y que él mismo acepta. Así, el abogado, quien representa a la persona juzgada, se presenta ante el juez y le dice «este hombre tiene a su favor el pago de todas sus faltas. El sacrificio exigido por su ley, juez, ha sido hecho, por lo tanto este hombre es una persona  sin culpa ante sus ley».
4. Todo hombre que cree que Cristo es el Cordero de Dios que pagó por todos sus pecados, es declarado sin culpa, es aceptado por el juez y de allí en adelante todas a sus faltas y pecados son declarados como sancionado, con sentencia cumplida. El transgresor de las leyes de Dios no tiene más ninguna culpa en su haber. Su historia puede verse, no como limpia, sino como la de un delincuente cuyas faltas, delitos, crímenes, homicidios y transgresores tenían multas y condenaciones que fueron cumplidas, pagadas en plenitud. 
5. Más aún, el pago abarca todo pecado, presente, pasado y futuro. Si no se contempla la culpa como remediada en su totalidad, y de manera absoluta, entonces el hombre que crea que Cristo no pagó por todas sus faltas futuras, sino sólo por las pasadas, hasta el momento en que creyó en Cristo, está condenado por su propia conciencia para hacer depender su salvación de su propio esfuerzo y de su buena conducta y sus buenas obras, de su propia obediencia. Y creer esto es caer en el engaño diabólico, de Génesis, pues coloca otra vez a la persona como una persona autosuficiente, como alguien que rechaza la gracia de Dios y su perdón. Todo su futuro (salvación, santidad y comunión con Dios) depende de él, no de Dios. 
6. El perdón de Dios nos da perdón total, paz y reconciliación. Perdonar a otros nos da comunión con Dios y abundancia de paz. 

I ¿QUÉ ES PERDONAR?
Antes de contestar la pregunta ¿Qué es perdonar? precisemos; la fe cristiana ha de verse a la luz de La Escritura. 
En ella, lo importante es la revelación del evangelio. Insisto en ver el acto de perdonar en el campo del evangelio a la luz del evangelio, no bajo la lámpara de la sanidad emocional. 
En todo caso, la sanidad de las emociones es fruto de vivir la fe del evangelio. Si lo vemos al revés, cómo sanar las emociones de acuerdo con las Escrituras, pondremos el acento en la psicología, en el humanismo, y desplazaríamos el valor y la importancia del evangelio hacia una actitud que si bien tiene cierto valor, ante la eternidad tiene un valor nulo. 
Por eso, perdonar, como acto, tiene un valor eterno a la luz de La Escritura. Perdonar, a la luz de un panorama más amplio, en La Escritura, es igual a cubrir. «El amor cubrirá multitud de pecados».
La pregunta «¿qué es perdonar?» tiene como respuesta: cubrir. Perdonar, en el libro del Éxodo, es claro. La casa con sangre aplicada en sus dinteles, estaba «cubierta», perdonada, libre de condenación. Por lo tanto, en esa casa Dios concedería la vida. 
Perdonar es cubrir. Eso significa que nosotros hemos de vernos perdonados por Dios gracias al sacrificio de Cristo. 
Dios ha «cubierto nuestros pecados con la sangre de Cristo». Eso queda explicado por Hebreos 9.22: «Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión».
La sangre es exigencia para ser perdonado. Si no hay sacrificio, una vida ofrecida para ser perdonado, no hay perdón.
24siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados (Romanos 3:24-25 RVR1960)
Propiciación: Acción agradable a Dios con que se le mueve a piedad y misericordia.
Propiciatorio: cubierta, tapa del arca. 
¿Cómo te ve Dios? Cubierto por lo que le agrada, lo que te pone en paz con él, lo que lo alegra, el sacrificio que pagó todas tus faltas delante de él, y por eso te mira con agrado y te concede su paz. Porque has sido perdonado. 
Dios ha sido satisfecho por la sangre de Cristo, el único sacrificio agradable a Dios. Cumple con sus propios estándares, por ser Cristo de su mismo nivel de justicia y santidad, medidas que ningún hombre jamás tendrá. 
No mirarte como criminal, como transgresor, te libra de ser perseguido, de ser buscado para que pagues por lo que has hecho. 
Por lo tanto, aplicar la enseñanza del Padre Nuestro: «así como nosotros perdonamos a los que nos deben» coloca, a los que nos deben, como no deudores, no ofensores, como no culpables. Limpios, y... eso da paz espiritual, mental, social, relacional, estomacal....
El siervo malo no entendió algo. Que él tenía una deuda enorme, impagable, y a él se le perdonó más, inmensamente enorme era su deuda, y el rey se la perdonó sin ningún requisito. Se la perdonó sólo porque le rogó y se la perdonó porque era un rey piadoso, compasivo y lleno de misericordia. Ser perdonado tenía más que ver con el carácter del rey, que con el siervo, y que éste se humillara. 
Por lo tanto, si a él se le perdonó más, ¿no podía ser sensible, reflexivo y considerar que también podía y debía ser misericordioso con quien le debía?
¿QUÉ HEMOS DE PERDONAR?
¡TODO! No perdonar te daña. 
1. En primer lugar tu relación con Dios. No perdonas, no eres perdonado. 
2. En segundo lugar, te causa daños a tu salud espiritual, emocional y social. Te vuelve rencoroso, agresivo, hostil, y amargado. Y eso se nota. 
3. ¿Qué hemos de perdonar? Todo: ofensas y faltas reales, tanto como ofensas y faltas imaginarias.
Quizá jamás te ofendieron, pero tú lo crees. Quizá tú eres el ofensor. Quizá tú agredes. Bien puede suceder que tengas una relación y reclames una falta que jamás te hicieron y eso traerá consecuencias, porque corres el riesgo de perder una amistad. Y créeme, a la luz de La Escritura, ser amigo y tener amigos, es una gran bendición. 
Pero tú crees que te ofendieron. ¿Qué debes hacer? Reclamar no, exigir que te pidan disculpas o perdón, no. ¿Qué debes hacer? ¡Perdonar!
Perdón real para faltas reales. Te hirieron, te agredieron, te dejaron heridas de por vida... tu papá, tu mamá, gente mayor que tú como tíos, hermanos, primos o familia de otro nivel: cónyuge, compañeros de trabajo o de congregación, amistades, compañeros de ministerio...
¿Qué debes hacer con lo que te hicieron? ¡Perdonar! Si no perdonas traerás en tus emociones un fardo, un costal de sentimientos y recuerdos cargando, traerás un lastre y una basura pesada que sólo te ocasionará cansancio, agotamiento, pesar, desgaste, desvelos, insomnio, rencor, amargura, hostilidad, y una actitud agresiva, gritona, exigente... Y no vas a comer bien. No vas a dormir bien, no vas a tener paz.  
¿CÓMO PERDONAR?
1. CUBRIR. 
2. SOLTAR. LIBERAR
3. ENTREGAR.
1. CUBRIR. Significa que así como Dios te mira cubierto con la sangre de Cristo, no culpable, te mira con agrado, tú miras a la persona que te ofendió como cubierta, sin culpas, delante de Dios y delante de ti. 
Para hacerlo práctico, perdonar te lleva a hacer una lista de lo que consideres, real o imaginario, de todas las faltas que te hicieron y declararlas delante de Dios como cubiertas. 
Al hacer esto, tú decides no ver, traer a tu memoria recuerdos, historias, sucesos, actitudes en contra de ti. No los revives ni empoderas al recuerdo de un poder venenoso y destructivo de tus emociones, pues lo despojas de toda capacidad para destruirte. 
No significa que la falta no está. No es olvido. Perdonar no es olvidar. Quien diga que perdonar es olvidar vive un mito, un engaño y a la postre se encuentra que tiene una memoria poderosa, porque no olvida. (¿Una persona violada podrá olvidar? ¿Un padre o madre a quien le mataron hijos olvidará a sus asesinos o a su hijo? ¿Un cónyuge olvidará que le asesinaron a su pareja?)
Perdonar es cubrir, no olvidar. No falta quien cite que Dios «olvida» nuestros pecados, porque él mismo lo dice: Isaías 43:25 (RVR1960) «Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados»
 Dios es un Dios eterno. Tiene toda la historia, todas las historias de todas las personas delante de sí mismo. Él mira el pasado, presente y futuro. Tiene a la vista todo pecado cometido o todo pecado intencional. 
Nuestros actos no se pueden borrar de la historia. No podemos deshacer, borrar un asesinato, una violación, una herida hecha con un arma... No podemos deshacer ningún acto, como dijo el gran filósofo mmmmm… «palo dado, ni Dios lo quita». 
Perdonar no es olvidar, es cubrir, es decidir no traer a la memoria. Es una decisión de «echar debajo de la alfombra la basura de las faltas contra uno».
No puedes hacer nada contra un acto cometido contra ti, no lo puedes borrar y no lo puedes deshacer. 
Lo que sí está a tu alcance, a tu disposición, es el perdón, es declarar a la persona cubierta, no culpable, sin falta, sin deudas contigo. 
2. SOLTAR. LIBERAR. Perdonar es declarar liberada a una persona. No es más tu preso, no es más tu esclavo, no está encadenada a tu corazón, tu recuerdo, tu memoria. 
Significa soltarla de tus emociones. Lo que ates en la tierra será atado en el cielo...
Lo sueltas, entonces no sólo la persona es libre, también tú. Haz la lista de lo que consideres una falta contra ti, y suelta a la persona delante de ti. 
3. ENTREGAR. Perdonar es entregar. Primero cubres, luego liberas y por último le entregas tu memoria Dios, le ofreces tus recuerdos y le pides que renueve tu mente, cubierta por el perdón que te concedió, para que tu mente renovada cubra a los demás. 
PERDONARSE A SÍ MISMO, UN MITO. A LA LUZ de la Escritura. Nadie se perdona a sí mismo. Hay quien les dice a los demás: «no tienes paz porque tienes que perdonarte a ti mismo».
Nadie se perdona a sí mismo, porque nadie es su propio juez. Quien vive remordimientos, quien vive con culpabilidad, tiene la solución a su alcance: PEDIR PERDÓN A DIOS Y ÉL PERDONA. 
El amor cubrirá multitud de faltas, dice el proverbio. Dios y su amor nos perdonan todo, pero eso no es un pretexto para creer que podemos vivir pecando como si el pecado no tuviera consecuencias. Cuidado si alguien cree que puede jugar con Dios, el juez absoluto y santo. 
VIVE EN PAZ CON DIOS Y CON LOS DEMÁS. NO GUARDES RENCOR, NO TE AMARGUES. AL CONTRARIO, VIVE LA VIDA CON LA DICHA Y EL GOZO QUE DIOS DESEA PARA TI A LA LUZ DE LA LLENURA DEL ESPÍRITU SANTO, CUYO FRUTO NO ES FRUTO DE ESTACIÓN, SINO FRUTO ETERNO, EL FRUTO DEL GOZO. 

PERDONA, PORQUE HAS SIDO PERDONADO. 

miércoles, 25 de enero de 2017

SALMO 50

SALMO 50. ADORACIÓN Y JUSTICIA
1. LLAMAMIENTO Y TEOFANÍA DIVINAS.
1מִזְמ֗וֹר לְאָ֫סָ֥ף אֵ֤ל׀ אִֽלֹהִ֡ים יְֽהוָ֗ה דִּבֶּ֥ר וַיִּקְרָא־אָ֑רֶץ מִמִּזְרַח־שֶׁ֝֗מֶשׁ עַד־מְבֹאֽוֹ׃
2מִצִּיּ֥וֹן מִכְלַל־יֹ֗פִי אֱלֹהִ֥ים הוֹפִֽיעַ׃
1El Dios de dioses, Jehová, ha hablado, y convocado la tierra, Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone. 
2De Sion, perfección de hermosura, Dios ha resplandecido.

A. El Dios único, el verdadero Dios habla. Su llamamiento es global, cósmico, universal. 
La declaración afirma hay un solo Dios o, sólo hay un Dios y ninguno más. Tiene que ver con la totalidad del salmo que, debido a la condición humana de divinizar a la persona, mundo y cosas que lo rodean, y por eso hay que rebatir los razonamientos del hombre. 
Dice el mayor mandamiento: “Oye Israel, el Señor, nuestro Dios, el Señor, Uno es”.
El “Dios de dioses”, como expresión, no implica la existencia de otros dioses. La intención es expresar y subrayar la grandeza del Señor. Otra expresión semejante es “Rey de reyes y Señor de señores” cuya intención es destacar que nadie se le compara, por ser el único Dios, Señor y Rey. Así, se destaca su soberanía, excelsitud y singularidad. 
Dios convoca de acuerdo con sus propios alcances. Es un Dios global, su señorío abarca al mundo entero. Su llamamiento es cósmico y global. 
Y si llama, nada ni nadie tiene la capacidad de resistirse a su palabra. Llamó a Caín, aun cuando éste daba por cierto que alguna posibilidad había de esconderse de Dios. 
La llamada y convocatoria de Dios imposibilitan esconderse de él o resistirse a estar delante de él. 
B. Dios revela su gloria, belleza y hermosura.
Donde Dios reside hay belleza. Es hermoso y bello todo lugar donde él esté. No depende, la belleza, de los conceptos estéticos que se tengan, sino de que él está presente. 
Porque si nuestra concepción de belleza radica en la arquitectura, entonces Sión está lejos de ser una bella o bonita ciudad. 
Para el tiempo en que se escribe el salmo, la belleza estará radicada en Egipto, Babilonia o en las ciudades de las grandes potencias, o en los lugares embellecidos por el ser humano. 
Hoy se diría que tienen belleza ciudades o lugares hechos y arreglados con ese propósito, como Playa del Carmen, Cancún, Puerto Escondido, Valle de Bravo… San Miguel de Allende, por mencionar lugares específicos de México. 
A nivel mundial podemos mencionar a Dubai y muchos sitios de Europa.
Dios, en sí mismo, tiene la suprema belleza, y se describe con la palabra Gloria. 
Moisés le pidió al Señor que le permitiera ver su gloria, la cual, entre muchas definiciones y conceptos, abarca:   

Un atributo más de la gloria de Dios es el peso, la influencia. Un ejemplo de ello es José, quien les dice a sus hermanos que fueran con su padre Jacob y le hablaran de la gloria que él tenía en Egipto. 
Agreguemos que la belleza, en la concepción del salmista, como tal, no reside por sí misma en la creación, ni en las obras del hombre, sino en Dios (su gloria), y lo hecho por él la expresa.
Génesis dice que Dios vio lo que él había hecho y “vio que era bueno”, que es una expresión sinónima de “todo lo hizo hermoso en su tiempo”. 
Otro salmista lo expresa con mayor fuerza: “contemplar la hermosura de tu santidad”, con respecto al lugar donde Dios reside. 
Dios se manifiesta, hace visible su hermosura y su grandiosa gloria. Claro, esto va acompañado de quién es Dios, su carácter y bondad; y su belleza y grandiosidad serán puestas en evidencia en el desarrollo del salmo.
Un juego de palabras, entre יֳפִי  (yofí, bonito, bello, hermoso) y יָפַע (yafá, brillar, favorecer, luz, mostrar, resplandecer) hace hincapié, de forma poética, en la belleza de la santidad del Señor. 
Él es bello, hermoso, bello, perfecto, lindo, estupendo, nuestra luz, amanecer, atardecer, nuestro aire, aurora… panorama galáctico, sol… ¿Qué no es nuestro Dios cuando se trata de hablar de su belleza? ¿Y cómo hacerle justicia a su hermosura con nuestros límites de expresión? ¡Pobres, pobres serán nuestras expresiones verbales para describir su belleza, santidad y pureza. 
Desde ese monte, Sión, ha brillado, ha venido al hombre, ha decidido, por su sabia y santa voluntad, revelarle a la humanidad quién es él y cómo su belleza.  
Contraria, por ser de naturaleza diferente, de hecho nada hay de comparación por ser otro, es el pecado. 
Su pureza (de Dios), santidad, luz, santidad, no toleran la presencia del pecado. Destaquemos, su santidad no es antitética al pecado. Cuando hablamos de tesis y antítesis hablamos de contrarios pero en un mismo nivel. 
Dios no es antitético a la creación, si lo fuera, tendríamos una síntesis, algo que los uniera pero comparándolos y superándolos. 
 Pero no, Dios no es antitético a la creación, incluyendo al hombre, por ser su creador. Sólo por eso no pueden ser antitéticos ni contrarios. 
Dios es diferente, santo, es otro, nada igual a la creación. Ante su santidad no se puede plantar nadie, ninguna persona osaría estar delante de él. Su santidad es fuego que consume, aun a quienes lo conocen y se atreven a ofrendar elementos profanos. Los hijos de Aarón son testimonio de que aún cuando sean sumos sacerdotes en potencia, Dios no tolerará la manifestación de pecado delante de él. Es imposible por una sola razón. Es santo. 

2. JUICIO, JUSTICIA, DIOS ES EL JUEZ DE TODO EL MUNDO

3יָ֤בֹ֥א אֱלֹהֵ֗ינוּ וְֽאַל־יֶ֫חֱרַ֥שׁ אֵשׁ־לְפָנָ֥יו תֹּאכֵ֑ל וּ֝סְבִיבָ֗יו נִשְׂעֲרָ֥ה מְאֹֽד׃
4יִקְרָ֣א אֶל־הַשָּׁמַ֣יִם מֵעָ֑ל וְאֶל־הָ֝אָ֗רֶץ לָדִ֥ין עַמּֽוֹ׃
5אִסְפוּ־לִ֥י חֲסִידָ֑י כֹּרְתֵ֖י בְרִיתִ֣י עֲלֵי־זָֽבַח׃
6וַיַּגִּ֣ידוּ שָׁמַ֣יִם צִדְק֑וֹ כִּֽי־אֱלֹהִ֓ים׀ שֹׁפֵ֖ט ה֣וּא סֶֽלָה׃
7שִׁמְעָ֤ה עַמִּ֨י׀ וַאֲדַבֵּ֗רָה יִ֭שְׂרָאֵל וְאָעִ֣ידָה בָּ֑ךְ אֱלֹהִ֖ים אֱלֹהֶ֣יךָ אָנֹֽכִי׃
8לֹ֣א עַל־זְ֭בָחֶיךָ אוֹכִיחֶ֑ךָ וְעוֹלֹתֶ֖יךָ לְנֶגְדִּ֣י תָמִֽיד׃
9לֹא־אֶקַּ֣ח מִבֵּיתְךָ֣ פָ֑ר מִ֝מִּכְלְאֹתֶ֗יךָ עַתּוּדִֽים׃
10כִּי־לִ֥י כָל־חַיְתוֹ־יָ֑עַר בְּ֝הֵמ֗וֹת בְּהַרְרֵי־אָֽלֶף׃
11יָ֭דַעְתִּי כָּל־ע֣וֹף הָרִ֑ים וְזִ֥יז שָׂ֝דַ֗י עִמָּדִֽי׃

3Vendrá nuestro Dios, y no callará; Fuego consumirá delante de él,
Y tempestad poderosa le rodeará. 4Convocará a los cielos de arriba, Y a la tierra, para juzgar a su pueblo. 
5Juntadme mis santos, Los que hicieron conmigo pacto con sacrificio 6Y los cielos declararán su justicia, Porque Dios es el juez. Selah  7Oye, pueblo mío, y hablaré; Escucha, Israel, y testificaré contra ti: Yo soy Dios, el Dios tuyo. 8No te reprenderé por tus sacrificios, Ni por tus holocaustos, que están continuamente delante de mí. 9No tomaré de tu casa becerros, Ni machos cabríos de tus apriscos. 10Porque mía es toda bestia del bosque, Y los millares de animales en los collados. 11Conozco a todas las aves de los montes, Y todo lo que se mueve en los campos me pertenece.
2. JUICIO, JUSTICIA, DIOS ES EL JUEZ DE TODO EL MUNDO
A. DIOS DEMANDA (5-7). 
B. DIOS RECHAZA SACRIFICIOS DE UN MARCO FORMAL (8-9).
C. DIOS NO NECESITA SACRIFICIOS (10-11).
A. DIOS DEMANDA (5-7). 5Juntadme mis santos, Los que hicieron conmigo pacto con sacrificio 6Y los cielos declararán su justicia, Porque Dios es el juez. 7Oye, pueblo mío, y hablaré; Escucha, Israel, y testificaré contra ti: Yo soy Dios, el Dios tuyo.
Job dice que si un hombre es demandado por otro, tiene posibilidades de salir bien librado, pero si Dios mismo está contra el hombre, éste se verá en una situación sin remedio. Llegó a su fin. 
No hay abogado, no hay personas de influencia con capacidad de persuadir a Dios de que no entable querella contra la persona. 
No hay nadie que pueda librar del Señor. Está escrito en Hebreos 10:30-31: «El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo».
Dios sabe todo de ti y de mí y de todo mundo, de todo habitante de este planeta tierra. Sabe todo de todo el universo. 
Dios entabla un juicio en contra de su pueblo. Y sólo un abogado lo librará, sólo una persona y nadie más. 
Su pueblo ha quebrantado las normas, las leyes y ordenanzas de Dios y el Señor viene en contra de su pueblo. 
No lo acusa nadie, ni siquiera los jueces de otros pueblos o naciones, tampoco los magistrados de su nación, o sus líderes religiosos, como los sumos sacerdotes, de quienes en todo caso se esperaría exigencias de santidad. 
Dios, él mismo, como persona, planta a su pueblo, lo coloca frente a sí y le echa en cara sus actos, su conducta pecaminosa. 
El Señor no necesita fiscales ni intermediarios para juzgar a nadie, individuo o nación. 
¿De donde viene o en qué reside su autoridad? Él mismo lo declara: «¡Yo soy tu Dios!»
Por lo tanto, como creador, tiene todo, de manera absoluta, sobre sus criaturas. «¡Yo soy tu Dios!» retumbará en los oídos de cada persona cuando esté delante del Señor en su juicio, sea individual, o cuando se dé el juicio de las naciones profetizado por La Escritura. 
B. DIOS RECHAZA SACRIFICIOS DE UN MARCO FORMAL (8-9). 8No te reprenderé por tus sacrificios, Ni por tus holocaustos, que están continuamente delante de mí. 9No tomaré de tu casa becerros, Ni machos cabríos de tus apriscos.

C. DIOS NO NECESITA SACRIFICIOS (10-11). 10Porque mía es toda bestia del bosque, Y los millares de animales en los collados. 11Conozco a todas las aves de los montes, Y todo lo que se mueve en los campos me pertenece.
3. EL SACRIFICIO QUE AGRADA A DIOS

12אִם־אֶ֭רְעַב לֹא־אֹ֣מַר לָ֑ךְ כִּי־לִ֥י תֵ֝בֵ֗ל וּמְלֹאָֽהּ׃
13הַֽ֭אוֹכַל בְּשַׂ֣ר אַבִּירִ֑ים וְדַ֖ם עַתּוּדִ֣ים אֶשְׁתֶּֽה׃
14זְבַ֣ח לֵאלֹהִ֣ים תּוֹדָ֑ה וְשַׁלֵּ֖ם לְעֶלְי֣וֹן נְדָרֶֽיךָ׃
15וּ֭קְרָאֵנִי בְּי֣וֹם צָרָ֑ה אֲ֝חַלֶּצְךָ֗ וּֽתְכַבְּדֵֽנִי׃
16וְלָ֤רָשָׁ֨ע׀ אָ֘מַ֤ר אֱלֹהִ֗ים מַה־לְּ֭ךָ לְסַפֵּ֣ר חֻקָּ֑י וַתִּשָּׂ֖א בְרִיתִ֣י עֲלֵי־פִֽיךָ׃
17וְ֭אַתָּה שָׂנֵ֣אתָ מוּסָ֑ר וַתַּשְׁלֵ֖ךְ דְּבָרַ֣י אַחֲרֶֽיךָ׃
18אִם־רָאִ֣יתָ גַ֭נָּב וַתִּ֣רֶץ עִמּ֑וֹ וְעִ֖ם מְנָאֲפִ֣ים חֶלְקֶֽךָ׃
19פִּ֭יךָ שָׁלַ֣חְתָּ בְרָעָ֑ה וּ֝לְשׁוֹנְךָ֗ תַּצְמִ֥יד מִרְמָֽה׃
20תֵּ֭שֵׁב בְּאָחִ֣יךָ תְדַבֵּ֑ר בְּבֶֽן־אִ֝מְּךָ֗ תִּתֶּן־דֹּֽפִי׃
21אֵ֤לֶּה עָשִׂ֨יתָ׀ וְ ֽהֶחֱרַ֗שְׁתִּי דִּמִּ֗יתָ הֱֽיוֹת־אֶ ֽהְיֶ֥ה כָמ֑וֹךָ אוֹכִיחֲךָ֖ וְאֶ ֽעֶרְכָ֣ה לְעֵינֶ ֽיךָ׃


12Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; Porque mío es el mundo y su plenitud. 13¿He de comer yo carne de toros, O de beber sangre de machos cabríos?
14Sacrifica a Dios alabanza, Y paga tus votos al Altísimo;
15E invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás.
16Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes, Y que tomar mi pacto en tu boca? 
17Pues tú aborreces la corrección, Y echas a tu espalda mis palabras.
18Si veías al ladrón, tú corrías con él, Y con los adúlteros era tu parte.
19Tu boca metías en mal, Y tu lengua componía engaño. 20Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano; Contra el hijo de tu madre ponías infamia.
21Estas cosas hiciste, y yo he callado; Pensabas que de cierto sería yo como tú; Pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos.
3. EL SACRIFICIO QUE AGRADA A DIOS
A. OFRENDA DE GRATITUD (14)
B. CUMPLE CON TUS PROMESAS (VOTOS, 14)
C. DEPENDE DE DIOS (15).
D. DEJAR SE SER PROFANO (16)
E. ARREPENTIRSE, DEJAR LA REBELDÍA (CAMBIAR LEALTADES, ABANDONA EL MUNDO DE PECADO (ROBO Y ADULTERIO 17-18)
G. DEJA EL CHISME, LA MENTIRA Y LA INFAMIA (20)
H. ACEPTA LA REVELACIÓN DE DIOS (21)
Cuando tocamos estos textos nos acercamos a la esencia del pensamiento profético. 
Advertimos, cuando leemos La Escritura, líneas de pensamiento diferentes por los énfasis que tocan en sus temas. 
Por ejemplo, los sacerdotes dejaron su huella en los rituales. Hicieron hincapié en la liturgia, cómo llevar un orden, cómo mantener la casa, cómo llevar a cabo el culto, los cantos, los coros… incluso dejaron indicaciones acerca de las melodías para saber cómo cantar un salmo, y con qué instrumentos. 
Sin embargo, hay otra línea de pensamiento que se separa de la liturgia, del canto, del culto. 
Es el pensamiento profético. Ejemplo… voy a mencionar algunas cosas y ustedes van a decir “¿y?”… 
Empezamos. 
Yo leo mi Biblia todos los días… 
Cuando vengo al culto no me fijo en qué hacen los demás… 
Me gusta testificar en cada culto de las obras de Dios en mi vida…
Mantengo un devocional cada mañana…
A mis compañeros de trabajo les comparto un pensamiento bíblico cada día antes de empezar las labores…
Incluso cuando mi equipo va a jugar, oro por él…
Respeto a las autoridades de mi país…
Procuro venir aseado a cada culto…
Intento guardar mi corazón todos los domingos mientras estamos en el culto..
  “¿YYYYYYY?”…
  “¿YYYYYYY?”…   “¿YYYYYYY?”…   “¿YYYYYYY?”…
Este salmo está en la línea profética. ¿De qué te sirve cantar, guardar un rito, seguir con fidelidad una liturgia si en tu vida no hay más que ruido, alardes, fanfarronadas, payasadas, apariencia, fachada, vida hueca sin contenido. 
En el pensamiento profético lo importante es cómo se vive una vida delante de Dios y el referente son: El gran mandamiento y el prójimo. 
Venir y cantar es culto. Sólo culto cuando al salir se vive sin Dios. No falta quien insista en afirmar que ama a Dios, pero no se ve en qué. 
Lo mismo pueden decir de uno si no conviven con la persona. El verdadero culto se vive en el trabajo, la verdadera adoración se vive en la vida moral y ética, en la vida económica, en la escuela, la universidad, el taller, la oficina, la empresa con rectitud, honradez, con integridad…
Este salmo insiste en que las ofrendas no le son gratas a Dios, no le agradan a menos que se viva un estilo de vida como él lo demanda. 
Como ejemplo veamos qué pide.
A. OFRENDA DE GRATITUD (14). 
¿Qué le agradeces a Dios? ¿Cuáles motivos hay para darle gracias? 
1. Que es tu Dios. Agradecerle eso, significa que como su criatura le estás sometido y le debes honra, honor, adoración…
2. Que eres hombre o mujer. Eso te salva de la perversión. La revelación en el apóstol Pablo nos enseña que quienes resisten la verdad de Dios no reconocen su deidad y no le dan gracias ni lo adoran. 
En tal contexto la ingratitud pervierte la naturaleza sexual cuando se desprecia a Dios y no se le agradece habernos hecho como quiso. 
La gratitud trabaja en el corazón para hacerlo humilde. La ingratitud lo hace arrogante, rencoroso, agresivo, amargado, hostil…
La gratitud trabaja en el corazón y lo hace dichoso, alegre, sencillo, amoroso, tierno…
La gratitud expresa adoración cada día al Señor con el alimento, la casa, el vestido, y las necesidades solucionadas cada día por el Señor, quien provee para manifestar su paternidad. 
Decía Don Quijote: «—De gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y uno de los pecados que más a Dios ofende es la ingratitud».
B. CUMPLE CON TUS PROMESAS (VOTOS, 14) Entre otros, están.
1. Voy a diezmar…
2. Voy a servir en un ministerio…
3. Voy a comprometerme con misiones…
4. Voy a visitar enfermos…
5. Voy a tomar un discipulado…
6. Voy a tomar un cargo para apoyar en mi congregación…
7. Me voy a preparar teológicamente…
8. Voy a dejar mi vida de adicción: pornografía, sexo, alcohol, tabaquismo, drogas…
9. Voy a testificar de Cristo en mi trabajo…
C. DEPENDE DE DIOS (15). 15E invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás.
Deja tu autosuficiencia, arrogancia, engreimiento… Echa en el contenedor de basura tu orgullo de creerte que no necesitas a Dios… de que no necesitas a nadie… ni a los doctores cuando has estado en riesgo de muerte… 
Deja tu pecado de autosuficiencia. Has desechado mis ordenanzas cuyos propósitos son bendecirte. Has endurecido tu corazón y te has comparado a quien de verdad no depende de nadie, a mí… pero… la realidad de tu impotencia te alcanza cuando te encaras con tu mortalidad, con tu fragilidad, cuando estás al borde de la muerte…  
Dios, que muestra su gloria, su luz, su realeza y majestad, ofrece glorificar su nombre mostrando su compasión, por eso, junto con exponer la incapacidad y la arrogancia humana, ofrece su bondad. Invócame en el día de la angustia, te libraré y tú me honrarás
La oferta de ser bendecido, de Dios al hombre, va acompañada de adoración, gratitud y alegría, sentido de vida para el hombre. 
D. DEJAR SE SER PROFANO (16)16Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes, Y que tomar mi pacto en tu boca? 

E. ARREPENTIRSE, DEJAR LA REBELDÍA (CAMBIAR LEALTADES, ABANDONA EL MUNDO DE PECADO (ROBO Y ADULTERIO 17-18) 17Pues tú aborreces la corrección, Y echas a tu espalda mis palabras. 18Si veías al ladrón, tú corrías con él, Y con los adúlteros era tu parte.

F. DEJA EL CHISME, LA MENTIRA Y LA INFAMIA (20) 19Tu boca metías en mal, Y tu lengua componía engaño. 20Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano; Contra el hijo de tu madre ponías infamia.

G. ACEPTA LA REVELACIÓN DE DIOS (21). 21Estas cosas hiciste, y yo he callado; Pensabas que de cierto sería yo como tú; Pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos.

4. AÚN SE TE CONCEDE UNA OPORTUNIDAD, VUÉLVETE A DIOS
22בִּֽינוּ־נָ֣א זֹ֭את שֹׁכְחֵ֣י אֱל֑וֹהַּ פֶּן־אֶ֝טְרֹ֗ף וְאֵ֣ין מַצִּֽיל׃
23זֹבֵ֥חַ תּוֹדָ֗ה יְֽכַ֫בְּדָ֥נְנִי וְשָׂ֥ם דֶּ֑רֶךְ אַ֝רְאֶ֗נּוּ בְּיֵ֣שַׁע אֱלֹהִֽים׃
22Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios, No sea que os despedace, y no haya quien os libre. 

23El que sacrifica alabanza me honrará; Y al que ordenare su camino, Le mostraré la salvación de Dios. (Salmos 50:1-23 RV1960)