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martes, 21 de febrero de 2017

¿¡MALDITO CRISTO!? ¡BENDITO CRISTO!

¿¡MALDITO CRISTO!?
¡BENDITO CRISTO!

13Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), 14para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu. Gálatas 3:13-14 (RVR1960).
Violar los mandamientos de Dios trae consecuencias. Nadie puede violar una ley y ser no culpable. Aun si ignora qué dice la ley o que hay una ley que prohíbe algo, hacer ese algo lo hace a uno culpable. La ignorancia no lo hace a uno inocente, ni lo exculpa o libra de transgresión. 
De acuerdo con lo establecido por Dios, el hombre debía practicar el sacrificio para quedar en paz (buena relación con él). 
Su ley establecía que sin sacrificio, sin derramamiento de sangre no era posible redimir, librar a un culpable de su transgresión. 
De diferentes maneras se ilustró a Israel de esta necesidad. El sistema levítico, con sus sacrificios por el pecado, las fiestas como la Pascua…
Al mismo tiempo la Ley establecía la necesidad de un vicario, un representante, uno que ocupara el lugar del culpable. 
El vicario (el animal por ser sacrificado) cargaba con la culpa. El oferente “trasladaba sus transgresiones” al animal. 
El animal sufría la “muerte vicaria”. Moría ocupando el lugar del oferente, quien reconocía su culpa, pecados y transgresiones. 
Al mismo tiempo el animal portaba la admisión y confesión de culpabilidad de pecados y transgresiones del oferente.
Era la evidencia misma de transgresión, culpa y portador de una sentencia de culpable y una orden de muerte. 
No quedaba ahí. 
La víctima también era inocente de toda culpa, transgresión, pecados u ofensas contra Dios y contra la gente. 
Como vicaria, la víctima portaba en sí misma su pureza. Un cordero jamás podría transgredir el mandamiento de codicia, idolatría, adulterio, asesinato, falso testimonio… 
¡Tenía una pureza absoluta! ¡Era santo! El cordero sacrificado en el sistema levítico mostraba todas las implicaciones de la culpa del hombre y de la santidad de Cristo. 
Más aún, el hombre era maldito o maldecido por la Ley. Ésta establecía una maldición para quien no cumpliera con la Ley:  

«Maldito sea quien no practique fielmente las palabras de esta ley.»
Y todo el pueblo dirá: “¡Amén!” Deuteronomio 27:26 (NVI).

Ninguna persona habría podido cumplir jamás con la Ley. Su función (de la Ley) era confrontar al hombre con su incapacidad para agradar a Dios, su incapacidad para ser santo, así como su incapacidad moral y espiritual. Apuntaba (la Ley) a guiar a la persona a aprender a confiar en un vicario, provisto por Dios, para tener fe en él y depender de él para vivir en paz con él. 
Cumplir con la Ley requería ser perfecto y de naturaleza santa, como al inicio de su creación lo fue el ser humano. 
Tal hombre perfecto fue Cristo. Sólo él cumplió la Ley en su totalidad. Santa, como es la Ley, y perfecta, requiere una persona como ella para vivir de acuerdo con sus estatutos. 
Esa persona requerida es Cristo, su dador. De él es la Ley, de él es dádiva al hombre, de él viene. Él es santo, por eso establece una Ley santa. Por lo tanto, como juez divino, sólo él puede cumplirla. 
La incapacidad del hombre es revelada por la Ley, así como lo es la capacidad humana (y divina) de Cristo. 
La misma Ley revela la divinidad de Cristo. Es santa en un grado de perfección y pureza desconocida como experiencia de vida por el hombre. 
Para nosotros es como un atisbo. Nos es extraña su naturaleza, y probamos lo santo sólo en pequeñas pruebas en nuestra vida. 
Hemos sido dañados estructuralmente en nuestra naturaleza espiritual, por eso desconocemos lo perfecto y lo santo. 
Pero, como dice el apóstol Pablo, vemos como por un espejo (opaco de aquellos tiempos):

«Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.» 1 Corintios 13:12 (RVR1960).
Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. 2 Corintios 3:18 (RVR1960).

Nuestra vista no es capaz de permitirnos ver en plenitud la gloria de Dios, y nuestro entendimiento tampoco es capaz de comprender la plenitud del perfecto sacrificio de Cristo. 
Condenados como estábamos por la Ley, de su maldición nos libra quien la cumple, quien dijo “No vine para abolir, sino para cumplir”, refiriéndose a ella. Y sólo Cristo lo ha dicho, afirmado y cumplido. 
Él es “El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Como cordero, sufre la muerte vicaria, como cordero, es inocente, perfecto, santo, puro…
Pero como cordero, lleva sobre sí mismo la maldición que pesaba sobre nosotros. Él es maldecido, él es maldito de la Ley, él cumple y sufre el castigo de quien reconozca su muerte vicaria en su favor. 
¡Cristo es el maldito perfecto! ¡Él es el perfecto maldito! La Ley se cumplió en él de modo perfecto. 
Exigía un sacrificio pleno, definitivo, puro, santo. Sus reiterados sacrificios sólo ponían en claro la necesidad de una paz permanente. 
Tanto sacrificio diario sólo mostraba una necesidad total perdón, completa y absoluta, así como la incapacidad del hombre para satisfacerla. 
¿Qué sacrificio o qué clase de persona podrían satisfacer las necesidades requeridas por la Ley para ser perdonados de una vez por todas y de manera absoluta?
Sólo Cristo fue capaz por ser santo, perfecto, eterno, Dios. Fuera de él, nadie; de allí la prédica apostólica al mundo: 

11Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. 12Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvosHechos 4:11-12 (RVR1960)

Jesús es Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, pero al mismo tiempo es el Cordero de un intercambio. 

30Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; 31para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor. 1 Corintios 1:30-31 (RVR1960).
1Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo… Romanos 5:1 (RVR1960).

Dios hace de Cristo nuestra sabiduría. También es nuestra justificación, santificación y redención. 
Al ver este panorama, Cristo es nuestra bendición, el cumplimiento de la promesa de Dios a Abraham. 

13Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), 14para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu. Gálatas 3:13-14 (RVR1960).

Cristo es el maldito de la Ley. Es maldito porque lleva la maldición que pesaba sobre mí. 
La ira de Dios recayó sobre él, porque en él Dios castigó mis pecados. Él es maldito por mí, y yo soy bendito por él. 
Mis pecados no quedan impunes; Dios los castiga en Cristo. Yo, como maldito por Dios y su ley, soy considerado sin culpa, sin maldición y Cristo es considerado culpable, maldito, para que mi maldición y mi culpa sean llevados por él como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. 
Pero yo, en él, soy considerado por Dios como sin culpa, santo, puro, recto, limpio, en tanto que él lleva todo lo podrido y corrupto de mí sobre él. 
Como culpable y maldito, carezco de fe, soy irredento, estúpido y necio, rebelde y enemigo de Dios, pero ahora, en Cristo, por la gracia de Dios, son considerado sabio. ¡Sabio!
Sabiduría divina, para toda la iglesia, para todo creyente. No es la sabiduría para un grupo, para un club o para iniciados en una élite de conocimiento gnóstico. 
No. Sabiduría de Dios, para conocerlo, discernir su voluntad, empaparse de ella, y ponerla en práctica en este mundo, para bendecirlo con la bendición que recibimos, Cristo. 

EL CRISTO MALDITO, NUESTRO BENDITO CRISTO, 
NUESTRO DIOS, REDENTOR Y SALVADOR

El Cristo maldito hoy es nuestro Cristo bendito. Su resurrección es el retorno de su naturaleza divina. 
La Escritura nos revela algo de lo cual pocos están conscientes: la causa de la muerte física. 
Morimos porque pecamos. Nos enseñan de niños, en la escuela, que hay un ciclo biológico: nacimiento, reproducción y muerte. 
Por eso nos espera la muerte. Sin embargo, la muerte no es natural a la creación de Dios, sino una consecuencia de pecado. 
El apóstol lo dice con toda claridad: 

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. Romanos 6:23 (RVR1960)

No morimos por un ciclo biológico. Morimos porque pecamos. Sin embargo, Cristo jamás pecó. Por eso, además del plan de Dios, de ser el sacrificio perfecto, Dios mismo, no podía ser retenido por la muerte. 
Su resurrección nos dice que él es, ha sido y será, santo por la eternidad. Su divinidad es declarada por toda la Escritura. 
Autor de la Ley, autor de la vida, la vida misma, el Santo de Israel, Jehová o Yavé, él es el Dios mismo existente por sí mismo, sin inicio ni fin, el Eterno Yo Soy, el Alfa y la Omega. 
Todo maldito por la Ley morirá en su condición de maldito y le espera la muerte eterna. No se vislumbra resurrección para él. 
Todo maldito por la Ley que haya reconocido que Cristo, por fe, sólo por fe, murió en su lugar y que él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, tendrá la bendición de Dios, santificación, sabiduría, perdón y vida eterna, será salvo para una relación de amor con Dios sin fin. 
La comprobación de ser maldito es la muerte. 
La comprobación de que ser bendito es la resurrección y la vida eterna, para una comunión de amor eterna con Dios y contemplar la gloria de Cristo. 
La resurrección de Cristo comprueba que es santo, bendito eterno, que la muerte no tiene poder alguno sobre él, porque aun cuando en él fueron castigados nuestros pecados, la muerte y la maldición no tienen poder sobre él. 
La justicia de Dios cayó sobre él, pero como inocente y santo la maldición no podía prevalecer sobre él. 
Añadamos que si la paga del pecado es muerte, él jamás pecó, por lo tanto, la muerte no tiene dominio sobre él. 
Más aún, él jamás habría muerto. Su muerte es causada por el hombre, no sólo por quienes lo crucificaron, sino por todos aquellos que habrían de ser redimidos. 
Todavía más. ¿Cómo no resucitar si la resurrección es demostración de poder sobre la muerte, el pecado, Satanás, la carne y el mundo?
Su resurrección es triunfo. Triunfo demostrado. Triunfa la vida, el perdón, el amor de Dios, su compasión, santidad, voluntad… 
Ella, su resurrección es el signo de la ruptura del poder de la maldición y del poder mismo de la muerte. 
En sí, la muerte de Cristo es la muerte de la muerte. Y su maldición es el fin de la maldición, pero su resurrección es la transición a la bendición. 
Su muerte es nuestra muerte, pero su maldición nuestra bendición. Nuestra maldición es suya, pero su resurrección el cumplimiento de su supremacía prometida para que en todo tenga la preeminencia. 
Su soberanía es glorificada en la resurrección de Cristo. Quien jamás pecó demuestra en su resurrección su santidad, su gloria (oculta al mundo y revelada a su iglesia), su poder, su condición de ser bendito, adorado, digno de adoración. 
Adorarlo, como ser divino, como lo que es Dios, ha sido la respuesta de los redimidos. 
Hoy podemos decir con toda claridad que su maldición es nuestra bendición, que nuestra maldición fue suya, para darnos lo suyo, la condición de benditos para el Padre, la condición de llamados pare predicarlo y extender la adoración a Cristo por todo el mundo. 
¡Bendito sea el Cristo una vez maldito! ¡Bendito por salvarnos de la maldición y condenación eternas! 
¡Bendito el creador del mundo, la vida, el Santo de Israel!

¡El es bendito por todos los siglos! ¡Démosle gloria a su nombre!

miércoles, 15 de febrero de 2017

CADENA: GÉNESIS-JUECES-QOHELET-APOCALIPSIS

GÉNESIS
Génesis describe la caída del hombre. Podría decirse que cayó de la gracia, concibiendo ésta como una relación especial, única, viva, intensa, pasional y santa, entre el hombre y Dios. 
El hombre gozaba de comunión ininterrumpida con el creador. La suya era una vida feliz lineal, sin altibajos. Eran desconocidas en su condición y naturaleza la aflicción, dolor, pena, sufrimiento, quebranto, tristeza y muerte. 
Con el pecado llegó lo desconocido. Al mismo tiempo se perdió la comunión, las dádivas gratuitas de Dios, su amor de la mano de la comunión y le felicidad. 
La infelicidad hizo acto de presencia en diferentes grados de manifestación. Se aposentó en la vida del ser humano para jamás salir de ella, a menos que fuera echada. 
Para ser echada era necesario vencer y desarraigar su fuente: el pecado. 
Génesis y los salmos describen un panorama desolador, producto de las decisiones del hombre (el pecado): el hombre es necio a partir de su ruptura con Dios. 
Su necedad relumbra una y otra vez a lo largo de su historia. Una y otra vez peca, es necio repetidas veces en toda su vida. No aprende de sus experiencias. Las repite una y otra vez.
A Dios le pesa, le duele que el hombre piense de continuo en el pecado. Y los salmos repiten el dolor de Dios cuando dicen que él miró desde los cielos para ver si había algún hombre, uno, que buscara a Dios, pero no encontró a ninguno. 
JUECES
«En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía.» Jueces 21:25 (RVR1960)
Jueces describe un ciclo: 
1. El pueblo de Israel se aparta del Señor, le es infiel y en vez de adorarlo a él, adora la creación (su propia obra), sus imágenes. 
2. El Señor permite que los enemigos del pueblo de Dios lo acosen, aflijan, y lo derroten en las guerras, incluso que lo despojen de una y muchas maneras. 
3. El pueblo clama a Dios debido a la aflicción, y el Señor les levanta un caudillo de entre ellos, quien obtiene la victoria sobre sus enemigos, libera al pueblo, les concede victoria y el Señor les concede tiempos de paz. 
Al período de paz viene la prosperidad y el pueblo se olvida del Señor, le da la espalda y reinicia el ciclo con el paso 1, señalado arriba. 
Así, se da a continuación el paso 2, 3… sucesivamente. 
¿Qué nos muestra este ciclo? ¡La condición humana! Rebelde, idólatra, contumaz, necia, obcecada, terca, estúpida e insolente en su relación para con Dios.
Como ciclo de un pueblo, también lo es de individuos. 
Recibimos de parte de Dios una naturaleza adoradora que, encauzada en el propósito divino, nos lleva a adorar a Dios. 
Pero una vez afectada por el pecado, adoramos lo que sea. Literalmente, lo que sea, desde un perro o gato, una piedra o un artefacto, un placer, las nubes… no importa, terminaremos manifestando nuestra naturaleza adoradora. 
Toda la humanidad desemboca en la idolatría. Grave, pero lo vemos a las faldas del Sinaí, cuando Moisés, después de estar con el Señor 40 días, desciende y se da de lleno con que el pueblo adora a un becerro hecho de oro.
Jueces nos lleva a Qohelet (Eclesiastés).

QOHELET
Sigue en la línea del fracaso del hombre. Aunque algunos ven una filosofía griega en el libro, como el pensamiento circular. 
Ven un eterno retorno en él, al interpretar su dicho: “nada hay nuevo debajo del sol. Hoy es lo que ya fue y mañana será lo que es hoy”. 
Sin embargo, la manera de ver a qohelet nos permite ver, en su frase, a la luz de un panorama bíblico mayor y más amplio, no un pensamiento griego, sino una confirmación del Génesis: “el pensamiento del hombre es de continuo el mal”. 
También en Qohelet vemos la presencia del pecado en toda manifestación, momentos de la existencia, placer, relaciones, cultura y al final en la muerte. 
“Nada hay nuevo debajo del sol” es la sentencia lapidatoria a la condición humana. Las culturas y actividades humanas están inmersas, infectadas de pecado y muerte. 
Es recurrente la necedad, la estupidez y las decisiones de la humanidad en rebelarse contra Dios. 
El hombre no aprende a hacer lo bueno, es incapaz de mantenerse de manera lineal en el camino del bien. 
Carece de una naturaleza que le permita el éxito espiritual y mejorar su condición de rectitud y santidad. 
Las instituciones humanas, entre gobernantes y gobernantes reflejan la pecaminosidad humana, en pobreza, hambre, explotación y en conflictos de violencia. 
El todo del hombre consiste en adorar a Dios, vivir para él, deleitarse en él y disfrutar del fruto del trabajo que él nos concede hacer. 
APOCALIPSIS
Un personaje del libro es la bestia como cordero, pero que habla como dragón. Ejerce autoridad. Hace que se adora a la primera bestia, sanada milagrosamente. Engaña e impele a la adoración a lo que no es Dios. Hace que todos lleven su distintivo, la marca de la bestia, un número en la mano derecha o en la frente. 
La derecha, como rectora y fuerza de vida, junto con la frente, pensamiento, grandeza, franqueza, altivez, instrumento de autonomía. 
El número de la bestia es el número del hombre: 666.
¿Qué relación hay, en el contexto de toda la Escritura entre este número y la historia de la humanidad? 
Veámoslo. 
Génesis nos da la clave para interpretar al hombre. Éste rechaza a Dios, desprecia sus mandamientos y tira a la basura el orden divino. Quebranta la creación de Dios y en vez de vivir bajo la gracia, y su gobierno, altivo decide establecer sus propias normas. 
Autonomía. Adán decide echar de su vida a Dios (¡como si fuese posible!), y en vez de vivir dependiendo de su gracia, favor y bondad, decide vivir bajo su propio gobierno. 
Ignora que eso jamás será posible. El hombre fue creado para vivir bajo señorío. Y si no es el de Dios, será el del diablo (o el pecado). 
El Señor Jesús dijo que quien hace pecado, esclavo es del pecado. Por eso, o se es esclavo (siervo) de Dios o se es esclavo (siervo) del pecado. 
Pero no hay términos medios. Jamás se es autónomo, y la adoración es un referente verificador, pues si no se adora a Dios, como Dios, entonces se adorará lo no divino como dios. 
 La adoración nos muestra a quién servimos, a quién consideramos nuestro sumo bien, nuestro creador, nuestra divinidad, y ante quien somos siervos. 
A quien se le rinde culto (por encima de muchos cultos) se le considera el sumo bien, lo más divino, el absoluto rector de nuestra vida y destino. 
Jueces nos posiciona en la línea descrita por Génesis con respecto a la condición humana y la manifestación de su naturaleza adoradora y rebelde para con Dios. 
Qohelet es más contundente al verificar el ciclo descrito en Jueces y su reiterada ceguera, autoengaño, rebeldía, necedad y estupidez. 
Apocalipsis remata el cuadro. 666 es el número de la Bestia. Es el número del hombre. ¿Qué es el hombre en la Escritura? ¡Un soberano fracaso! «¡Pero soberano, al fin y al cabo!» dirá alguien. 
¡Cómo si en ser un gran fracaso sea grandioso el hombre!
666, como número, es otro ciclo visto en la Biblia. No hay nada nuevo bajo el sol. 6 = el hombre es un fracaso. 6 = el hombre no cambia. 6 = se repite lo mismo, el hombre no cambia, es un fracaso, tras fracaso, tras fracaso. 
666 es cíclico. Un monstruo parecido a un cordero, pero habla como dragón. Es blasfemo, altivo e insolente delante de Dios. 
A la visión de la marca de la bestia sobre los hombres (666) sigue la visión de los 144 mil (la plenitud del pueblo de Dios redimida), con una marca en su frente (no la del 666), la del nombre del Cordero y el de su Padre. 
Los redimidos de Dios, su pueblo santo, es arrancado de las garras del pecado, de la esclavitud a la carne (insolencia y blasfemia) y son llevados a vivir bajo el señorío perdido, el del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. 
El hombre pierde su autonomía y le es devuelta, por gracia, la relación santa, de amor y adoración pasional y hedonista, con su Dios. 
Jamás volverá a repetirse el ciclo de Jueces, de Qohelet, ni el de la marca de la Bestia, pues el Cordero quebrantó las estructuras de pecado y nos salvó de la condenación eterna. 
Su sangre nos ha limpiado de todo pecado y maldad. 
En Cristo somos nueva creación.
En Cristo somos santos, sabios, justos, rectos. 
Todo hemos recibido de gracia y sólo para él es la gloria, la honra y el poder.
Bendito sea nuestro Señor y Dios, a cuya fiesta (las bodas del Cordero), tenemos la promesa de que disfrutaremos el privilegio de ver, contemplar y deleitarnos por la eternidad, para ver su gloria. Amén. 

lunes, 13 de febrero de 2017

PERSPECTIVAS GLOBAL MÉXICO. CURSO DE PASIÓN, AMOR Y TRANSFORMACIÓN

Bendecidos para bendecir. Iniciaremos cursos primera semana de agosto en Monterrey, México, y última semana de agosto en Ciudad Juárez México. Están todos invitados. 15 lecciones, una por semana. Soliciten datos a dirección electrónica incluida. 

domingo, 12 de febrero de 2017

CANTAR DE LOS CANTARES, EL TRIUNFO DEL AMOR

EL TRIUNFO DEL AMOR
Cantar de los Cantares 1 (RVR1960)
PRIMERA PARTE

Una doctrina fundamental, sin la cual no se entiende La Escritura, es la gracia. En el Antiguo Testamento es la palabra Jen (חֵן). 
En Génesis el término se aplica para describir que Dios eligió a Noé para salvar a la fauna del diluvio, junto con algunas personas. Fueron salvados por gracia. En Génesis 18.3 el término es usado por Abraham al recibir la visita de tres varones. “Si he hallado gracia”. En Éxodo 3.21 Dios promete que a su pueblo le dará gracia ante los egipcios. 
Muchos, abundantes son los textos donde se usa el término Jen (חֵן). También describe el amor de Dios para sus elegidos. Ninguna se merecía el amor de Dios, pero él quiso amar. 
Pablo describe la naturaleza de este amor en Rom 5.8 (NVI) “Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros”.
Cantar de los cantares habla del triunfo del amor y el texto con algunos detalles. 

1Cantar de los cantares, el cual es de Salomón.

Título: El Más Hermoso Cantar. La Canción de canciones. El Canto Supremo. Superlativo hebreo. 
Libro: Poesía. Rasgos, excedente de significado, polivalencia y polisemia, lenguaje figurado, metáforas, cuadros gráficos en secuencia…
Los libros de la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, se escribieron de corrido. Por lo tanto, separar palabras y oraciones fue una labor realizada en más de mil años.
Unos libros llevaron menos de ese tiempo. En el Cantar de los cantares haremos una separación a medida que avancemos para entender la trama y comprender el tema com mayor claridad.  
Nuestra división no será la que ven en las versiones conocidas. 
Autor: para Salomón, dedicado a… No sería de Salomón, por el contenido que lo desacredita. El amado es devoto, dedicado a una sola mujer, y ésta se muere de amor por su amado. Son amantes excluyentes. Salomón era incluyente. Metía a cuanta mujer cupiera. 
Nuestra postura es que Salomón no lo escribió por cuestiones obvias, su promiscuidad, 700 mujeres y 300 concubinas… no sabe qué es la dedicación a una sola mujer. 
Tema: amor, lealtad y fidelidad, consagración, dedicación, devoción, pasión, ideales humanos del amor, victoria sobre la tentación, la seducción, las posiciones sociales, el poder y la vanidad humanas. 
Protagonistas del amor: dos personas del vulgo, campesinos. Dos personas sin mayor significación social. Hoy diríamos, en nuestro contexto, dos oficinistas o dos empleados de empresa u obreros. Ella es hermosísima, acosada, secuestrada, y él un amante que no olvida, sino al contrario lucha por el amor de su vida contra todos los obstáculos.  
Protagonistas de ambiente: coro y el rey. Podrían ser un político poderoso, mujeriego y la gente, mujeres de su partido que todo le alaban. 
Veamos el libro. Empieza con un diálogo de
LA AMADA

2¡Oh, si él me besara con besos de su boca! porque mejores son tus amores que el vino. 3A más del olor de tus suaves ungüentos, tu nombre es como ungüento derramado; por eso las doncellas te aman. 4Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; 

LA AMADA
Inicia anhelando un beso de la boca del amado. Note el pronombre: “¡besos de su boca”! Habla en la tercera persona, “él”. 
El amado no está presente. Por eso lo evoca, la trae a la mente, y crea imágenes relacionadas con él. Y lo imagina de manera pasional, sin hacer a un lado el verdadero amor. 
No todo es pasión en el amor. No todo es lujuria en la pasión. Tampoco lascivia. 
Enseguida pasa de la tercera persona del singular, “él”, a la segunda: “mejores son tus amores que el vino”. 
Si algo le hace perder el juicio, si algo nubla su entendimiento, es una relación de amor con él, dar rienda suelta a la expresión del amor con él. Y con nadie más, con ningún otro. 
El vino hace perder el juicio, rompe barreras y deshinibe al consumidor. Por eso Pablo les escribe a sus discípulos que no se embriaguen con vino (hoy pondría una lista larga: tequila, whisky, pulque cheve, vodka, brandy, solera, ron, sotol, mezcal, aguardiente, tesgüino, zake… ustedes añadan los que se sepan). No se embriaguen porque en eso hay disolución. 
Ésta, la disolución lleva a cometer inmoralidades, faltas de respeto, agresiones, y desorden social o familiar, por decir lo menos. 
La amada sabe qué es mejor que la embriaguez con vino: los besos de su amado y de ningún otro. 
Los besos de su amado y de ningún otro. Los besos de su amado y de nadie más. 
Destaco el valor de la relación. Quizá alguien vea besos de actor en cine. Y se le antojen y piense: “¡Guau! ¡Qué besos! ¡Esos sí saben besar!” 
¿Y qué sigue? El poder de la imaginación alimenta la mente, despierta el deseo de otros besos. 
¿El poder de la imaginación? ¿Dije eso? ¿El poder de la imaginación? Vea otro rumbo, otro camino: El poder del pensamiento ordenado. El poder del corazón limpio, el poder del amor puro, el poder la persona cuyo corazón es fiel y no da lugar a pensar en otros, como lo vivido por la Sunamita. 
Y sigue evocando. Consideremos esto: el amado no está con la Sunamita, ésta se encuentra separada de su amado, no por voluntad propia, sino a la fuerza, fue arrebatada y llevada a un lugar no deseado. 
Cuando el Cantar de los cantares se escribió, se hizo con las palabras todas juntas, sin separación entre una y otra. Sin mayúsculas ni minúsculas, ni puntos y aparte, ni acentos. Todo de corrido. 
EJEMPLO en español

cantardeloscantareselcualesdesalomonohsielmebesaraconbesosdesubocaporquemejoressontusamoresqueelvinoamasdelolordetussuavesunguentostunombreescomounguentoderramadoporesolasdoncellasteamanatraemeenposdeticorreremoselreymehametidoensuscamarasnosgozaremosyalegraremosentinosacordaremosdetusamoresmásquedelvinoconrazónteamanmorenasoyohhijasdejerusalenperocodiciablecomolastiendasdecedarcomolascortinasdesalomonnorepareisenquesoymorenaporqueelsolmemiroloshijosdemimadreseairaroncontramimepusieonaguardarlasvinasymivinaqueeramianoguardehazmesaberohtuaquienamamialmadondeapacientasdondesesteasalmediodiapuesporquehabíadeestaryocomoerra

El ejemplo en hebreo es igual. Todo de corrido, sin acentos ni divisiones. Entonces uno debe hacer su división. La que tenemos la hicieron los masoretas y ha sido aceptada universalmente. 
Por eso tenemos que modificar nuestra redacción para comprender el texto. 
2¡Oh, si él me besara con besos de su boca! porque mejores son tus amores que el vino. 3A más del olor de tus suaves ungüentos, tu nombre es como ungüento derramado; por eso las doncellas te aman. 4Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras;
La amada dice: El rey me ha metido en sus cámaras. ¿El rey? ¿Entonces el rey no es el amado mencionado en el inicio? El desarrollo del texto nos dice que no, que su amado no es el rey. 
¿Entonces quién es la Sunamita? Se ve en la descripción y en los diálogos. Para empezar a verla, es una chica raptada, llevada al harén para ser una más de las esposas de Salomón. 
Hermosa, causa envidia, burla, es objeto de burla y de escarnio. Le hablan con ironías para humillarla. Pero ella se mantiene fiel a su amado, en quien piensa y a quien le dedica sus amores, pensamientos, recuerdos y deseos. 
Tiene un deseo: que él, el amado, se la lleve, pase por ella y la saque del harén de donde el rey la ha enclaustrado. 
Atráeme, le dice al amado de su corazón. Evocar el nombre de su amado le crea un ambiente de amor, limpieza, pureza y devoción. 
Pronunciar su nombre le cambia el entorno. Su nombre transforma la realidad, la recrea, la hace diferente. Evocar a la persona amada trae paz. Porque es correspondida, es amada con las mismas dimensiones que ella ama y no hay poder humano que deshaga ni desbarate su amor por él 

4Nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino; con razón te aman. 

LA AMADA
Ahora hablan las mujeres del harén. Quieren una fiesta reventada. Embriagarse y celebrar lo que venga después del vino. Celebran al rey y a la chica la menosprecian. 
Con razón te aman. Se lo dicen a la Sunamita. Con burla. Es ironía. ¿Qué tienes de mejor que nosotras no tengamos? ¿Quién te crees? ¿De verdad piensas que estás como para desbancarnos del podio de las más admiradas? ¿Crees poder competir con nosotras? ¡Ni en sueños!
Contesta la amada.

5Morena soy, oh hijas de Jerusalén, pero codiciable como las tiendas de Cenar, Como las cortinas de Salomón. 6No reparéis en que soy morena, porque el sol me miró. Los hijos de mi madre se airaron contra mí; me pusieron a guardar las viñas; y mi viña, que era mía, no guardé. 7Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma, dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía; pues ¿por qué había de estar yo como errante junto a los rebaños de tus compañeros?

Soy del campo, prietita. No me pueden decir con ironía mexicana: “Hey, ese color te aprieta”… Porque con cualquier color que use seré prieta. 
No es morena. Uno es moreno por genética. Ella no. Es prieta, como cajeta requemada. Pero requemada al sol. 
Admite. No competir con “las damas de sombra”. Ellas tienen una piel muy cuidada. 
¿Destaca algo en el contraste? ¡Sí! ¡Ella es única! No importa si se cuida o no, no importa si tiene uno o dos kilos de más, ni su talla, ni nada cuanto importe a las mujeres que viven sólo para alimentar su vanidad. 
Se sabe amada. Declara: “Mi amado es mío y yo soy de él”
Cuando una mujer se sabe amada tiene una fortaleza de carácter, firme, es una roca, un búnker. 
Y cuando una mujer es amada, considerada como única, se ve en el trato, la amabilidad, el servicio, la devoción, el apoyo, el respaldo, la caricia, ternura, palabras… todo es una relación que la fortalece y la empodera emocional y espiritualmente todo el tiempo. 
El amado bien podría tener en sus labios: “Mi esposa es mi única, por quien estoy dispuesto a ser despreciable para el mundo”
Dice la amada que ha tenido que trabajar de más, en el campo, en las viñas, incluso ha trabajado de más, por cuestiones familiares. 
Añade que en su familia no ha tenido buen trato, ha padecido inequidad en las relaciones de distribución de tareas familiares, al grado que ha debido desempeñar la labor que a otros correspondía, como la de sus hermanos. 
Pregunta dónde está su amado, quisiera estar a su lado, pasar el día con él y le responden con burlas otra vez. 

¿A QUÉ HUELE LA PASTORCITA?

8Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, ve, sigue las huellas del rebaño, y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores. 

Mujer; ¿te preocupan tus perfumes? ¿De marca? ¿O de precio? ¿Los cosméticos de moda o famosos y caros? ¿Vives para la vanidad? 
Quizá niegues ser vanidosa, pero tus compras declaran tu carácter.  Y del hombre también. 
Esta chica recibió respuesta. Le dicen cómo encontrar a su amado, porque saben quién es. 
La respuesta es (literalmente): “hueles a chivo”. Por ese caminito, sigue al rebaño, al que perteneces… ¡le están diciendo que es una bestia del campo y que huele mal! ¡Apestas!
¿Quieres saber dónde encontrar a tu amado? ¡Entre los tuyos! ¡los apestosos como tú!
Es despreciada. Como heroína de un amor único, inédito, singular, no de este mundo, fiel, santo, puro, devoto, consagrado. 
EL REY SEDUCTOR

9A yegua de los carros de Faraón Te he comparado, amiga mía. 10Hermosas son tus mejillas entre los pendientes, Tu cuello entre los collares.  11Zarcillos de oro te haremos, Tachonados de plata.

Intenta, el rey, seducir. Su lenguaje es del más alto calibre de su tiempo. El piropo es cultural, cargado de un intenso significado sexual, atractivo, mental, emocional… intenta, el piropo, tocar fibras íntimas, profundas, para derribar toda barrera, toda defensa. 
El piropo, la zalamería, la adulación van por el mismo camino. Son seductores y malignos. 
La mejor defensa contra los donjuanes, mujeres, es la sordera. Mujeres, no les presten atención a los piropos, jamás, no les abran la puerta de los oídos, ni les den habitación en el cerebro. No dejen que esos bichos entren en su corazón. No le dé el mínimo tiempo para pensar en ellos. 
El piropo es lanzado por el rey. En su intento por seducir a la Sunamita la compara con lo más famoso y codiciado de su tiempo, los pura sangre árabes o egipcios. 
Pero note, dice que es hermoso su rostro, asomado entre los pendientes. Cuál es la diferencia entre pendientes y zarcillos de oro? 
Los pendientes pudieron ser de cualquier material barato, madera, piedras… pero quiere seducirla con la codicia. ¡Tú mereces lo mejor! ¡Diamantes! ¡Joyas! ¡Oro! 
¿Cómo que tienes pendientes de madera, cariño mío, dueña de mi corazón? ¡Por favor! ¡Mi reina! Oro, mi amor, del mejor… ¡la reina de mi corazón es digna de lo más caro! Incluiremos plata, y collares de la mejor calidad, hechos por los mejores artesanos. 
Hoy buscaría diamantes en las más famosas joyerías del mundo. No la llevaría de shoping a Mercedes, mucho menos a Laredo o McAllen. 
¡No señor! París, NY. El propósito es deslumbrar a la Sunamita. Seducirla, poseerla, hacerla suya, integrarla al harén y disfrutarla cuando se le antoje al rey seductor. 
Necesita ser un donjuán consumado debido a las resistencias de la chica, poderosa, toda una fortaleza contra el conquistador.  
LA RESISTENCIA

12Mientras el rey estaba en su reclinatorio, mi nardo dio su olor. 13Mi amado es para mí un manojito de mirra, que reposa entre mis pechos. 14Racimo de flores de alheña en las viñas de En-gadi es para mí mi amado.

Las mujeres del harén se burlaron de ella, la menospreciaron e hicieron señalamientos discriminatorios. 
La consideran engreída, indigna de ser parte de su comunidad. ¿Cómo es ella? Veámosla. 
El seductor rey la pretendió, quiso seducirla, y ella contesta así: “Mientras el rey hace su intentona, pongo oídos sordos a sus requiebros de amor, y me concentro en el varón más digno de mi vida, mi amor, mi pasión, mi ternura. No es, él, como uno de los perfumes de este rey. No, es como un olor de nardo, como un manojito de mirra entre sus pechos. 
Él, es como un aromático ambiental en todo su entorno. Su nombre le sabe a perfume. No le hace la vida llevadera. La empodera para resistir cuanto haya que resistir. Su nombre le aromatiza la vida. Se la hace suave, hermosa, fragante, fresca, bella… la hace soñar. 
Además es alheña. Para llenar de color su mundo. ¿Qué sería el planeta, el universo entero sin él? ¡Él es la luz, la vida, la expresiva presencia del amor hecho color, matices, variedad, ritmo, cadencia, vibrante… él ilumina su vida!
Me recuerda un escrito que inicié para Tesa jugando con adverbios: “El mañana volverá con la luz de tu mirada, siempre puntual a iluminar mi vida”.
Y el amado ganó. El seductor fue vencido por el nombre perfumado, el color que inunda los ojos, el aroma que cubre su piel, y la protege contra todo mosquillo que quiera picarla. 
Su nombre es antibacterial, anti insectos, anti todo, antídoto.

LOS AMADOS.  

15He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí eres bella; tus ojos son como palomas. 16He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y dulce; nuestro lecho es de flores. 17Las vigas de nuestra casa son de cedro, y de ciprés los artesonados.

Ellos embellecen su mundo. Su valorada y amada presencia mutua. Elogios, reconocimiento de quién es ella para él y él para ella, en sus términos, con su propio discurso, con su cosmovisión. 
El piropo no es el del rey, educado, con una palabra cortesana, fabricada, dicha para seducir. 
El elogio del amado no es piropo, sino declaración tierna de amor, ternura, admiración, tacto cuidado… palabra sencilla y humilde. 
No la llama yegua, sino paloma. Sus ojos y su mirada iluminan la vida, son la sonrisa del día. En su mirada el universo le sonríe. En sus ojos mira la vida y la gratitud debida a Dios que les concede amarse. En sus ojos vuela, como paloma, por el espacio infinito del amor. Son sus ojos, los de ella, penetrantes, volátiles, sólidos, son el ritmo del universo. 
Ella le confiesa qué, quién es él para ella: hermoso, dulce… es la sazón de su existencia… y su lecho no es nada parecido a los del palacio del rey, ni siquiera a los del harén. 
Es campirano, natural, hecho por Dios mismo. Suena a el lecho sin mancilla, honroso, citado por el apóstol de los gentiles. Y las vigas son artesanía rústica, como ellos, rústicos, naturales, y fieles, uno al otro, perteneciéndose mutuamente, naturales uno al otro, como el calor al fuego, la luz al sol, el frío al invierno, el sonido a la música, el ritmo a la música, la alegría a la dicha, el canto a la alabanza…
Terminamos.
El amor nunca deja de ser. No acaba. Crece. se hace fuerte, sólido, rocoso, estable, como guarida antiaérea o nuclear, pero suave como pétalo de rosa, tierno como cervatillo, como mano de bebé, imperecedero como la eternidad.
El amor es de origen divino. Dios desea matrimonios así. Son de él. Su amor ha sido compartido con nosotros y en Cristo se nos dio el jen citado arriba. 
Por medio de su Espíritu ha derramado amor para corresponderle y para expresarlo en el yugo matrimonial, unidos por él, para gloria suya.