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domingo, 11 de junio de 2017

SÓLO CRISTO (Isaías 12 NVI)

SÓLO CRISTO (Isaías 12 NVI) 
INTRODUCCIÓN
Isaías 11 ha descrito un final feliz. Los pueblos, las etnias, las razas todas viven en paz. No hay más guerras ni motivos de guerra, exterminio, abuso… no hay criminalidad. 
Tampoco hay envidia. Ni entre pueblos ni entre individuos. Un país pobre no tiene envidias de uno rico. Una etnia sin poder no envidia a una poderosa. 
Más aún, entre naciones y etnias enemigas hay amistad, concordia, unión y afecto, buenas relaciones y una armonía inéditas. 
Incluso la flora y la fauna han sido transformadas. Una vaca y un oso conviven sin riesgos de depredación. No hay nada de eso de que “el pez grande se come al pez más chico”. El león y el buey comen paja, y un bebé juega con serpientes que hoy con consideradas de sumo peligro. 
Aclaro: esta descripción es idílica, romántica, imaginativa, hermosa, de un mundo desconocido para nosotros. 
No quiero decir que es una fantasía y que no se cumplirá. Lo que afirmo es que Dios describe un mundo perfecto. Pero lo describe en términos familiares para nosotros. Un mundo así nos parece propio de una imaginación fantasiosa porque no concebimos algo semejante. 
No obstante, el texto es claro: describe un mundo perfecto, inédito para nosotros, desconocido, de una perfección que escapa a nuestra comprensión. 
Todo en ese mundo nuevo, en la nueva creación, apunta a una perfección más allá de lo conocido por nosotros. 
La naturaleza toda ha sido cambiada, todo, sea mundo violento, de odio, de crimen y muerte ahora, en esta nueva creación, aspira paz, transmite el orden de Dios, se ha convertido en la morada del Dios Eterno, y esta nueva creación es habitada por el hombre nuevo, la nueva humanidad renovada, nacida de nuevo en Cristo. 
 Esta nueva creación es vista en esperanza, declarada en fe como una certeza de que Dios cumplirá su plan por medio de este renuevo, hijo de Isaí, descendiente del rey David, de la tribu de Judá, el Mesías Cristo. 
Este Mesías, este Ungido tiene sobre sí lo que suyo es: El Espíritu de Dios, el Santo Espíritu en una manifestación absoluta, total. 
Bajo esa llenura es dirigido por los planes de Dios para su creación, para las relaciones entre los hombres y entre los hombres y Dios. 
Es el juez justo, perfecto, piadoso y compasivo, recto, santo y de una justicia desconocida por el mundo. 
Juzgará a los pobres con justicia y los mansos serán defendidos por él. Los otros, los impíos, serán sujetos a su juicio, y terminará con la vida de ellos. 
Él les quitará la vida a los impíos, mientras que los justos, los pobres y los mansos recibirán la tierra por heredad. 
Dejemos en claro que los justos, los mansos y los rectos son personas específicas, hombres y mujeres que depositaron su confianza en él, le creyeron en todo, esperaron en él y creyeron que al final de los tiempos, en la nueva creación morarían con él y verían su gloria, serían parte de su reinado y permanecerían con él por la eternidad. 
Quienes serán parte de la Nueva Creación son llamados “el remanente”. Pertenecen al Israel de Dios, a su vid, a la vid verdadera, Cristo. 
Israel, él étnico, es llamado “la vid” en el A.T., por los profetas y en especial por Isaías, quien entona la canción de su amado por su viña. 
No obstante, cuando llegamos al N.T., sobre todo al evangelio de Juan, Jesús dice de sí mismo que él es la vid verdadera. 
Va más allá al decir que es también el templo de Dios. Y al avanzar por el Nuevo Testamento y las epístolas, es llamado nuestra justicia, santificación, sabiduría, redención… se agrega a todo ello, que él es el todo en todos. 
Dicho de otro modo, Cristo es proclamado como la persona, como el Ungido, como el centro al cual apuntan todas las profecías, todas las promesas de Dios, de tal manera que llega a ser visto como el nuevo hombre, en quien residimos todos para ser hijos de Dios, como el nuevo hombre en quien somos ahora su pueblo, como el primogénito de la creación gracias a quien ahora tenemos todo y él es todo en todos nosotros. 
Él es el sentido, la significación de la vida de todo cristiano, de toda persona identificada por el Nuevo Testamento como discípulo suyo. 
Sin él la vida cristiana pierde sentido, rumbo, dirección, meta y significación. 
Veamos ISAÍAS 12 y cómo se cumple en Cristo.


1En aquel día tú dirás: «SEÑOR, yo te alabaré aunque te hayas enojado conmigo. Tu ira se ha calmado, y me has dado consuelo.
¿En cuál día? El descrito por Isaías 11, el de la nueva creación. ¿Quién habla y a quién? 
Dios le habla al hombre. Él es quien le dice al hombre “En aquel día tú dirás:” 
Repito: ¿En cuál día? Porque ahora la respuesta puede formularse de manera distinta: “En el día en que te brindaré la bendición de estar conmigo”, en el día en que contemplarás mi gloria”. 
El Señor Jesús oró al Padre: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” Juan 17:24 (RVR1960).
¿Y qué decir del enojo de Dios? ¿Y qué hará el redimido? Éste último, el redimido, hablará con el Señor y lo alabará porque el enojo de Dios habrá pasado y Dios mismo le concederá paz, consuelo y reconciliación, así como los motivos de satisfacción para sus demandas de justicia. 
¿Cómo se calmó la ira de Dios? ¿Quién la aplacó? ¿Quién sino Cristo en la cruz fue quien recibió los azotes de la justicia y la ira de Dios para que el beneficiario del sacrificio de Cristo tenga ahora paz del cielo? 
¿Quién sino Cristo es el consuelo para el creyente, la paz y el motivo de adorar, amar y servir al Padre? 
“En aquél día” no es sino el día en que la petición de Cristo tendrá plena satisfacción de parte del Padre y todos los redimidos cantarán, como dice Apocalipsis, la nueva canción, el canto de los redimidos. 
“En aquél día” dirás: «SEÑOR, yo te alabaré…» Vivir agradecido. El sentido de la gratitud conlleva admiración, adoración, elogios, alabanza. 
וְאָֽמַרְתָּ בַּיֹּום הַה֔וּא אוֹדְךָ יְהוָה
Gratitud cantada con todo: manos como señal de gratitud, alabanza, confesión, adoración. Él es mi Señor. El Eterno es todo para mí. La mano como sinécdoque.  Todo yo soy adoración, soy ofrenda que adora y es entregada para darle alabanza a quien me creó para eso, adorarle con todo cuanto hago. 
Vivo para mi Señor, soy siervo, mi servicio es una manera de adorarlo y alabarlo. 
Como servidor le expreso mi amor, mi pasión por vivir para él. Cantarle no es el todo de mi adoración. Vivir para él sí, como dijo el apóstol, sea que vivamos o muramos, somos del Señor; y todo lo que hagan háganlo como para el Señor. 

CRISTO ES TODO EN TODOS 
2¡Dios es mi salvación! Confiaré en él y no temeré. El SEÑOR es mi fuerza, el SEÑOR es mi canción; ¡él es mi salvación!»
¿Qué es Cristo para el adorador? 
Salvación. 
Confianza (ausencia de temor).
Fuerza. 
Canción. 
Salvación.

EMOCIÓN EN LA NUEVA VIDA: ALEGRÍA
3Con alegría sacarán ustedes agua de las fuentes de la salvación. 
Ser salvos. Las imágenes de agua y fuentes hablan de la naturaleza de la salvación. 
En Isaías el pueblo estaba en graves peligros internacionales. Del norte venían grandes amenazas, peligro de exterminio. 
Las más grandes potencias estaban al norte y amenazaban con desatar las hostilidades bélicas contra Israel. En este momento es sólo el reino del sur, un pequeño reinado. 
Los del norte, las 10 tribus se han confabulado contra Judá, haciendo alianzas con el imperio más poderoso de su tiempo. 
Imagínate que poderosos políticos arman un complot contra ti. ¿Qué puedes hacer? Ve, observa, mira la realidad. Cuando alguien tiene poder, y es maligno, descarado, sin valores y cínico, hace gala de su poder de la manera más inopinada, sin vergüenza, como cuando un político fue a ver a 43 padres de familia del estado de Guerrero a decirles, sin asomo de pena, “ya supérenlo”. 
¿Quién puede hacer eso? Hablo de mi país, pero ejemplos de abuso de poder hay en todo el mundo, si no, pregúntele a los 5 continentes. 
La salvación era concebido como salvación política, militar, social, financiera, étnica. 
Antes Isaías había mencionado aguas. Las de Mesopotamia, del río Tigris por ser un río caudaloso, abundante. 
Había hecho alusión a él haciendo una comparación entre Siloé, como estanque pequeño, tranquilo, pacífico, contrastado con las poderosas corrientes del Tigris. 
¿Qué prefería la persona que corría graves peligros? ¿El poder o la humildad? ¿La fortaleza o la pequeñez? 
O dicho de otro modo: ¿Qué elegirías? Porque en tu elección algo sería menospreciado. Si eliges el poder menosprecias lo débil, y si eliges lo grande menosprecias lo pequeño, lo insignificante. Así, elegir al Tigris menospreciaría el pueblo a Siloé. 
De cualquier manera, la salvación, en términos físicos, se espera de lo poderoso, fuerte, avasallante, no de lo débil. 
Y ser salvados viene acompañado de alegría, gozo, fiesta, regocijo y celebración. 
Lo contradictorio es que este pueblo jamás fue salvado por el poder militar de ninguna nación, de ningún imperio. 
Despreciaron a Siloé, pero Siloé era justamente la imagen del poder escondido, misterioso, espiritual, eterno, contrario a lo militar y carnal. 
De manera contradictoria el poder traería la muerte, angustia, sufrimiento, dolor y quebranto, y una agonía muy prolongada. Pero jamás la paz. 
Siloé, por el contrario, era visto por el profeta como el símbolo representante de la intervención de Dios, esperada con fe, con la certeza y la esperanza de que Dios manifestaría su salvación. 
Sacar aguas con alegría, de las fuentes de la salvación, suena a las palabras del Señor Jesús: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba, y de su interior, como dice La Escritura, saldrán ríos de agua viva”. 
Como símbolo, el agua representa limpieza, purificación, santificación, estar limpio para ser aceptado por Dios, como cuando el Mesías les lavó los pies y les dijo que ya estaban limpios y luego lo confirma en el capítulo 15: “Ustedes ya están limpios por las palabras que les he dicho”. (Juan 15:3 DHH). 
Su palabra limpia al ser humano en tu totalidad, como el agua al cuerpo. Por eso acudir a las aguas tiene su equivalente en ir a Jesús con alegría por ser quien es él, Dios venido al hombre.

ADORACIÓN GLOBAL: LA GRAN COMISIÓN.
4En aquel día se dirá: «Alaben al SEÑOR, invoquen su nombre; den a conocer entre los pueblos sus obras; proclamen la grandeza de su nombre 5Canten salmos al SEÑOR, porque ha hecho maravillas; que esto se dé a conocer en toda la tierra». 
En aquel día, ahora es uno previo al de la nueva creación, cofundido. No confundido. Cofundido, un día unido a otro. Este día es un día superpuesto, como interpolado, sobre encimado, aunado al día de la nueva creación. 
Este día anunciado es el día de la extensión de la adoración global de Cristo por todas las etnias, de acuerdo con el mandato del mismo Cristo: “Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. Mateo 28:18-20 DHH). 
Se juntan la adoración (aplaudir, aclamar, alabar, cantar, celebrar, confesar, declarar, exaltar, glorificar, (dar) gracias… “Alaben al Señor” dice el texto. 
“Invoquen su nombre”, como dice el Padre Nuestro: “Santificado sea tu Nombre”, sea dado a conocer por todo el planeta, entre toda etnia. 
Dar a conocer, hacer saber entre la humanidad sus obras, son sus obras de salvación y su regalo de las aguas purificadoras, la salvación por pura gracia dada por Dios por medio de su Mesías Jesucristo. 
Proclamar la grandeza de su nombre era la misión de Israel, anunciar quién es el Eterno y proclamar su amor y perdón de acuerdo con su Palabra. 
El fracaso de este pueblo era de esperarse. No es posible proclamar su nombre, vivir para él si no es por medio de quien es la salvación encarnada, el salvador prometido. 
No hay salvación en ningún nombre, sino en el de Jesucristo era la proclamación apostólica y lo sigue siendo hasta el día de hoy. 
La grandeza de su nombre. La grandeza de su gracia. La grandeza de su salvación se anuncia inmensurable. No hay patrón que la pueda medir. No hay parámetro que la iguale, por lo mismo no hay acción humana capaz de conseguirla. 
Proclamar su grandeza en Cristo, su gracia destruye la grandeza del hombre, que no es sino pequeñez. 
El hombre y sus mejores esfuerzos son nada, una inutilidad absoluta, basura, oprobio, nauseabundos, hedor de muerte dada su presunción. 
Los mejores esfuerzos del hombre para conseguir por sus méritos la salvación fuera de la grandeza de su gracia han quedado en el diseño religioso de ritos, de ofertas de muerte, vestidas de engaño y de perversión de La Escritura a fin de levantar monumentos al orgullo humano y desechar la gracia de Dios. 
Asombroso es el orgullo humano y sus engaños y mentiras que sólo pueden creer quienes levantan edificios doctrinales creíbles por una fe en el hombre, en sus propias obras y sus propios embustes. 
Visto desde la lógica lo diríamos así. ¿Puede un hombre inmundo hacer santo a otro hombre también inmundo? ¿Se puede sacar de lo mortal y destinado a podrirse algo imperecedero, santo, puro y eterno? ¿Una persona condenada al infierno es capaz o tiene la capacidad de hacer limpia a otra persona como ella y declararla santa? ¿Alguien condenado a morir por su naturaleza pecaminosa puede ser declarado digno de adoración por otra persona también pecaminosa? 
¿Puede una persona indigna ante Dios interceder por otros indignos como ella? 
Desde La Escritura todas las preguntas tienen una respuesta: ¡No! Porque no hay bajo el cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos. 
Jesucristo está presente en todo anuncio de la grandeza de la gracia de Dios: sólo en él hay salvación. Sólo por medio de él se puede llegar al Padre. Sólo hay un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre. 
La burocracia audaz y atrevida, orgullosa y cínica que dice tener el poder de declarar santos, incluso a quienes jamás existieron, como Juan Diego, se les aparecerá Juan Diego, como a Schulemburg hace años. 
Quien hace puentes humanos, sean santos, beatos, bobatos, vírgenes o no, sólo expresan un atrevimiento absurdo, maldito y maldecido por La Escritura, quien condena todo esfuerzo humano por desechar la gracia de Dios y diseñar un evangelio propio. 
De acuerdo con Pablo, está maldito quien confía en sus propios esfuerzos para conseguir la salvación que por pura gracia ofrece el Dios Eterno por medio de Cristo. 
El apóstol a los gentiles fue contundente: 6Me asombra que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio. 7No es que haya otro evangelio, sino que ciertos individuos están sembrando confusión entre ustedes y quieren tergiversar el evangelio de Cristo. 8Pero aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición! 9Como ya lo hemos dicho, ahora lo repito: si alguien les anda predicando un evangelio distinto del que recibieron, ¡que caiga bajo maldición! (Gálatas 1:6-9 (NVI)

ADORACIÓN ETERNA; ¿QUIÉN ES DIOS? 
6¡Canta y grita de alegría, habitante de Sión; realmente es grande, en medio de ti, el Santo de Israel!» Isaías 12:6 (BHS Bible)
צַהֲלִ֥י וָרֹנִּי יוֹשֶׁ֣בֶת צִיֹּ֑ון כִּֽי־גָדֹ֥ול בְּקִרְבֵּ֖ךְ קְדֹ֥ושׁ יִשְׂרָאֵֽל׃ 

Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel. Isaías 12:6 (RVR1960)
צַהֲלִי Grita de alegría. Canta: ser alegre; sonar claro (de varias expresiones animales o humanas):—brillar, clamor, dar voces, júbilo…
וָרֹנִּי  y regocíjate: gritar (usualmente de alegría):— alegrar, alegría, aplaudir, canción, cantar, clamar, gozo, gritar, grito, júbilo, regocijar, regocijo. 
Hay alguien a quien adorar. Para quien vivir. Él es quien le da sentido a la existencia. 
Sin él la vida toda, la existencia, pierde significación, sentido, color, luz, gozo, dicha. 
Porque él es la dicha misma, el amor mismo, y él, en medio de nosotros, el Santo de Israel, está con nosotros todos los días de nuestra vida, sin importar las circunstancias. 
Está en medio de nosotros, no porque lo sintamos. De hecho, sentirlo no es garantía de nada, sino en todo caso la subjetividad propia de quien dijo sentirlo. 
Lo preciso. Si estuviéramos en medio de una reunión de enfermos de fibromialgia, o de pacientes como Tere, con un diagnóstico grave, cuya enfermedad se manifiesta con mucho sufrimiento al grado de requerir inyecciones de morfina, ¿sentirían a Dios esos pacientes? 
Lo digo de otra manera. En medio de pacientes que padecen mucho sufrimiento físico, pero que celebran una reunión en el nombre de Jesús, ¿de qué depende la presencia del Mesías? ¿de que la sientan? ¿De que el Mesías les conceda sentirla? ¿Y si no les concede sentir su presencia, no estuvo? ¿O de todos modos estuvo en medio de ellos? 
Es un asunto de fe, no de sentidos. Ni el sentido del tacto, ni las emociones, ni sentido alguno, como la vista, determinan el cumplimiento de una promesa de Dios, ni siquiera la fe. 
Sus promesas son un asunto de fe. Creemos que él está en medio de quienes celebran una reunión en su nombre. 
No hay más. Si quienes se reúnen en el nombre de Cristo fueran pacientes de un tipo de autismo, incapaces de sentir empatía, de todos modos Jesús estará presente porque lo prometió. Sólo por eso. 
El cumplimiento de sus promesas jamás dependerá de nuestros sentidos, mucha, poca o apenas una brisa de fe. 
Depende de él. De su honor, su majestad, su grandeza, su honorabilidad. De su nombre y su portentosa gloria. 
Hoy y todos los días él estará contigo como lo prometió. Vivir bajo esa promesa no es una opción que dependa de ti, lo creas o no, o lo dudes. 

Él estará contigo, iglesia, sólo por un factor. Su palabra fue dada, su palabra se cumplirá. 

domingo, 21 de mayo de 2017

SÓLO CRISTO, SIEMPRE CRISTO

Isaías 7:1-14 (NVI) 
1Acaz, hijo de Jotán y nieto de Uzías, reinaba en Judá. En ese tiempo Rezín, rey de Siria, y Pecaj hijo de Remalías, rey de Israel, subieron contra Jerusalén para atacarla, pero no pudieron conquistarla.

Los reyes de Israel y Siria se unen contra Judá, el reino del sur. Israel, reino del norte, compuesto por 10 tribus, ha dejado la adoración al Dios de sus patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob y hace alianzas con los sirios para destruir al reino del sur y con ello va de la mano destruir la adoración a Dios en el templo. 
El escritor anticipa el cuidado de Dios sobre su pueblo: «subieron contra Jerusalén para atacarla, pero no pudieron conquistarla», con su nota anticipa toda la historia que escribirá más adelante, al subrayar la intervención del Señor en favor de su pueblo. Toma nota para tu vida personal.
Destaca, asimismo, la inutilidad de las armas, cuán fútil es un ejército, cualquiera sea su poderío, cuando se trata de combatir contra una nación, persona o pueblo protegidos por Dios. 
«No pudieron conquistarla» resuena como el canto de la frustración de un ejército que no se esperaba ese resultado, por un lado, y por el otro, el canto de alabanza al Dios protector. 

2En el palacio de David se recibió la noticia de que Siria se había aliado con Efraín, y se estremeció el corazón de Acaz y el de su pueblo, como se estremecen por el viento los árboles del bosque. 3El SEÑOR le dijo a Isaías: «Ve con tu hijo Sear Yasub a encontrarte con Acaz donde termina el canal del estanque superior, en el camino que conduce al Campo del Lavandero. 4Dile que tenga cuidado y no pierda la calma; que no tema ante el enojo ardiente de Rezín el sirio, ni ante el hijo de Remalías; que no se descorazone a causa de esos dos tizones humeantes. 5Dile también que Efraín, junto con el hijo de Remalías y el sirio, han tramado hacerle mal, pues piensan 6subir contra Judá, provocar el pánico, conquistarla y poner allí como rey al hijo de Tabel. 7Pero dile además que yo, el SEÑOR omnipotente, digo: “Eso no se cumplirá ni sucederá. 8La cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco es Rezín; pero dentro de sesenta y cinco años Efraín será destrozado hasta dejar de ser pueblo. 9La cabeza de Efraín es Samaria, y la cabeza de Samaria es el hijo de Remalías; si ustedes no creen en mí, no permanecerán firmes”.» 

El versículo 9 («si ustedes no creen en mí, no permanecerán firmes») está emparejado con Habacuc 2.4: «He aquí que aquel cuya alma no es recta se enorgullece, pero el justo por la fe vivirá». 
Describe un ambiente de muchos conflictos, con un escenario de muerte y destrucción, con angustia como olas del mar y gente afligida hasta la muerte, pero en medio de toda esa crisis, el justo permanece firme. No por su fe, como poder personal, sino por la providencia de Dios, quien da la fe, y el creyente recibe, por gracia, apoyo, sustento, protección y paz de su Señor y Dios. 
Dios llama a los reyes invasores “dos tizones humeantes”, como si fueran dos carbones sin fuego, como dos carbones a punto de apagarse definitivamente. La descripción de dos carbones así, destaca su potencial para la guerra, su poder destructivo ante Dios, quien los menosprecia al describirlos. 
No obstante, aun cuando son dos reinos mucho más poderosos que Judá, lo importante no es el poder ni las capacidades militares, sino la fe, la confianza en Dios, como hecho histórico, como acto espiritual, como actitud correcta delante de Dios para permanecer. Quien no crea, no permanecerá. 
En medio de crisis internacionales, lo importante es depender de la capacidad de Dios, no de la propia, ni de los contactos que uno tenga con personas de influencia o poder. 
Como símbolo de promesa que Dios cumplirá con quienes tengan fe, está el hijo del profeta, Sear Yasub, quien representa a quienes tendrán fe en el Señor. Ese hijo es la representación del remanente, de los pocos que tienen fe en Dios y permanecen por la gracia de Dios y por la fe en él. «Un remanente volverá», es lo que significa Sear Yasub, anunciando desde ya el exilio para el pueblo de Judá, y la promesa de cuidado cumplido por parte de Dios. 
El profeta enmarca el escenario de la fe entre la jungla de las emociones en situaciones de peligro. Todo mundo sintió miedo. 
La fe, en la historia de peligro real, no anula la percepción de muerte, ni las emociones de estrés, angustia y agonía. El pueblo tiembla literalmente, se angustia literalmente. 
¿Y la fe? ¿Qué es? En los contextos históricos es abandonarse en los brazos de la Palabra de Dios, descansar en sus promesas, acudir a su llamado, afinar el oído y creer en lo que no se ve. 
La fe camina por el oído. Sus fundamentos descansan en lo pronunciado por Dios, no en lo que se ve en la realidad. 
«La realidad» histórica (los datos duros y comprobables) son un ejército poderoso formado por dos coaliciones, asediando a una nación pequeña, fácil de engullir si se trata de contrastar el número de combatientes. 
¿Cómo no tener miedo ante tal realidad? Sin embargo, “la realidad visible” no es mayor ni “más real” que “la realidad” que la sustenta, “la realidad espiritual”, que es, en verdad, el respaldo y sustento de “la realidad visible”. 
Cuando leemos que “En el principio creó Dios los cielos y la tierra… y dijo Dios”, entendemos que una Palabra, la de Dios, dio origen al universo. Esa Palabra es de naturaleza espiritual; por ello, todo el mundo espiritual, no visible, es, en realidad, el sustento del mundo visible, llamado “real”. 
A la luz de la fe, no obstante, lo palpable no es “más real” que el mundo espiritual. A guisa de ejemplo, “la realidad suprema”, Dios, no es visible, palpable por ser espíritu, y aún así nos da muestras de su poder por medio de la creación, expresión de su divinidad y poder. 
Por eso el llamado de Dios a esperar en su Palabra (promesas y profecías), es la única opción de permanecer, subsistir y trascender por medio de la fe. 
Al fin y al cabo los miedos pasarán, tienen un límite, sea en el desgaste bélico, sea en la muerte, pero la vida de la fe trascenderá los planos histórico y físico, para llegar a su meta, la vida eterna al lado del Señor Dios. 

10El SEÑOR se dirigió a Acaz de nuevo: 11—Pide que el SEÑOR tu Dios te dé una señal, ya sea en lo más profundo de la tierra o en lo más alto del cielo. 12Pero Acaz respondió: —No pondré a prueba al SEÑOR, ni le pediré nada. 13Entonces Isaías dijo: «¡Escuchen ahora ustedes, los de la dinastía de David! ¿No les basta con agotar la paciencia de los hombres, que hacen lo mismo con mi Dios? 14Por eso, el Señor mismo les dará una señal: La joven concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamará Emanuel».

Juan 1.1 está a la vista como promesa y profecía aquí. Dios mismo se hará hombre entre su pueblo. Nacerá de una jovencita. Implica una joven virgen, de pureza espiritual aprobada por Dios, consagrada a él, una chica que ama al Dios de sus padres y vive para agradarlo. 
Dios se abre al rey y le propone que le haga una petición en medio de esta situación política internacional de angustia, pero el rey rechaza la oferta de Dios. Con su rechazo pretende dar una imagen de ser espiritual. Aparenta ser cuidadoso y respetuoso de Dios y no querer ofenderlo, pero en su rechazo falta a Dios, peca contra él y su pretensión lo exhibe como lo que es, un hombre sin fe, un hombre que no está no representado por Sear Yasub, como alguien que no es parte del remanente de Dios, de esos pocos que permanecen por tener fe en Dios. 
Dios mismo había prometido que algún día caminaría entre su pueblo (Levítico 26: 11Estableceré mi morada en medio de ustedes, y no los aborreceré. 12Caminaré entre ustedes. Yo seré su Dios, y ustedes serán mi pueblo. (NVI), de que sería parte de ellos y una vez más lo confirma. Pero su realización sería materializada en Cristo. 

Isaías 8:1-10 (NVI) 
1El SEÑOR me dijo: «Toma una tablilla grande y, con un estilete común, escribe sobre ella: “Tocante a Maher Salal Jasbaz”. 2Yo convocaré como testigos confiables al sacerdote Urías y a Zacarías hijo de Jeberequías.» 3Luego tuve relaciones con la profetisa, y ella concibió y dio a luz un hijo. Entonces el SEÑOR me dijo: «Ponle por nombre Maher Salal Jasbaz (=“el despojo se apresura, la presa se precipita”). 4Antes de que el niño aprenda a decir “papá” y “mamá”, la riqueza de Damasco y el botín de Samaria serán llevados ante el rey de Asiria.»  5El SEÑOR volvió a decirme: 6«Por cuanto este pueblo (Judá) ha rechazado las mansas corrientes de Siloé (=“Enviado”) y se regocija con Rezín y con el hijo de Remalías, 7el Señor está a punto de traer contra ellos las impetuosas crecientes del río Éufrates: al rey de Asiria con toda su gloria. Rebasará todos sus canales, desbordará todas sus orillas; 8pasará hasta Judá, la inundará, y crecerá hasta llegarle al cuello. Sus alas extendidas, ¡oh Emanuel!, cubrirán la anchura de tu tierra.» 9Escuchen esto, naciones, todas las naciones lejanas: ¡Alcen el grito de guerra, y serán destrozadas! ¡Prepárense para la batalla, y serán despedazadas! ¡Prepárense para la batalla, y serán desmenuzadas! 10Tracen su estrategia, pero será desbaratada; propongan su plan, pero no se realizará, porque Dios está con nosotros. 

El pueblo de Judá rechaza al enviado y su paz, Siloé. A cambio, Dios les envía otro río, éste es impetuoso, abundante, el Éufrates. Judá menospreció la gracia de Dios, hecha realidad en Cristo, su Siloé, y a cambio les envía a Asiria, un río impresionante. 
Judá se deleitaba en el poder. Lo anhelaba. No le causaba placer verse a sí misma bajo la lupa de lo minúsculo, y tampoco sentía orgullo de ser pequeña a sus propios ojos. En cambio, el contraste, lo pequeño contra lo grande, ¡eso sí es ser valioso! ¡Eso sí que vale la pena! No es lo mismo ser un río Ramos (de la localidad de Allende, Nuevo León, México), que ser un Río Nilo, uno que cruza toda África. No es lo mismo ser una nación pequeña, que ser una nación poderosa y, en vez de ser humillada, humillar, en vez de ser acosada, acosar, en vez de ser vencida, ser avasallante, vencedora. 
Aquí el profeta presenta el poder de Dios manifestado en Emmanuel, el Siloé. Su gobierno será imperial. Ninguna nación es digna de ser temida, ningún rey es digno de esperar en él, porque Dios tiene un rey, un soberano, un gobernante que llenará la tierra con su gloria, y ese rey es Emmanuel. 
Las noticias que infunden terror no han de ser tomadas en cuenta por quienes confían en el Señor, porque Dios tiene un gobernante a cargo de su rebaño pequeño, su pequeña manada, y es Jesús, el Buen Pastor.

Isaías 8:12-14 (NVI) 
12«No digan ustedes que es conspiración todo lo que llama conspiración esta gente; no teman lo que ellos temen, ni se dejen asustar. 13Sólo al SEÑOR Todopoderoso tendrán ustedes por santo, sólo a él deben honrarlo, sólo a él han de temerlo. 14El SEÑOR será un santuario. Pero será una piedra de tropiezo para las dos casas de Israel; ¡una roca que los hará caer! ¡Será para los habitantes de Jerusalén un lazo y una trampa!
Una vez más, Dios confirma a quien temer, llama a quién honrar, en quien esperar y es el Señor mismo, quien será santuario, refugio, lugar donde habita él mismo.
Apocalipsis es el libro más claro en presentar a Cristo como templo, morada de Dios entre los hombres, santuario y lugar de encuentro entre el hombre y Dios, siguiendo lo iniciado en el evangelio de Juan, Cristo como templo, Cristo como camino único para llegar al Padre, Cristo como morada de la gloria de Dios…
¿De quién habla? ¿Quién dijo de sí mismo ser el templo de Dios, fuera de Cristo? ¿A quién se refiere Apocalipsis cuando dice que Dios mismo será el templo en medio de las naciones que adoran a Dios? 
¡Cristo!, ¡Cristo!, ¡Cristo!, ¡Cristo!, Siempre Cristo como promesa y cumplimiento, como quien cumple toda profecía del A.T.  
Hay quien le teme al diablo, o que le atribuye un poder desorbitado a Satanás, pero lo importante lo aclara el Señor Jesús, quien definió los límites de Satanás: sólo puede quitar la vida física (sólo si Dios se lo permite), pero Dios puede quitar la vida y echar a la persona al infierno. 
El diablo no puede hacer eso, pues el infierno es también morada de castigo para el mismo Satanás. 
Si alguien es digno de ser temido es Dios, y nadie más. 

Isaías 8:18 (NVI) 
18Aquí me tienen, con los hijos que el SEÑOR me ha dado. Somos en Israel señales y presagios del SEÑOR Todopoderoso, que habita en el monte Sión
Dice Hebreos 2:11-13 (NVI) 11Tanto el que santifica como los que son santificados tienen un mismo origen, por lo cual Jesús no se avergüenza de llamarlos hermanos, 12cuando dice: «Proclamaré tu nombre a mis hermanos en medio de la congregación te alabaré.» 13En otra parte dice: «Yo confiaré en él.» Y añade: «Aquí me tienen, con los hijos que Dios me ha dado.»
Para Hebreos, la frase “Aquí me tienen con los hijos que el Señor me ha dado”, es dicha por Jesús. Para Hebreos esas palabras son de Cristo, quien tiene hijos, y con ellos se identifica en sus penas, sufrimientos y quebrantos. 
Seguir las huellas de Cristo en el A.T. es fundamental para comprobar que un principio de interpretación básico, esencial y primordial, es la persona de Cristo. Sin él, el A.T. pierde rumbo, meta y sentido. 
Cristo es la esencia de toda promesa, Cristo es el corazón, la estructura que sostiene las bases del edificio profético del A.T. y Cristo mismo es el blanco al cual apuntan las flechas del cumplimiento de las promesas y profecías del Dios Eterno. 
Él, como Sumo Sacerdote se hizo hombre y padeció toda tentación, dolor, quebranto, maldición y sufrimiento experimentado por todo ser humano, por eso puede comprender en plenitud de profundidad a toda persona y consolarla, porque se identificó con la humanidad en su encarnación. 

Isaías 9:1-7 (NVI) 
1A pesar de todo, no habrá más penumbra para la que estuvo angustiada. En el pasado Dios humilló a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pero en el futuro honrará a Galilea, tierra de paganos, en el camino del mar, al otro lado del Jordán. 2El pueblo que andaba en la oscuridad ha visto una gran luz; sobre los que vivían en densas tinieblas la luz ha resplandecido. 3Tú has hecho que la nación crezca; has aumentado su alegría. Y se alegran ellos en tu presencia como cuando recogen la cosecha, como cuando reparten el botín. 4Ciertamente tú has quebrado, como en la derrota de Madián, el yugo que los oprimía, la barra que pesaba sobre sus hombros, el bastón de mando que los subyugaba. 5Todas las botas guerreras que resonaron en la batalla, y toda la ropa teñida en sangre serán arrojadas al fuego, serán consumidas por las llamas. 6Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. 7Se extenderán su soberanía y su paz, y no tendrán fin. Gobernará sobre el trono de David y sobre su reino, para establecerlo y sostenerlo con justicia y rectitud desde ahora y para siempre. Esto lo llevará a cabo el celo del SEÑOR Todopoderoso. 

Este pasaje se cita cada Navidad al rememorar la venida de Cristo para bendecir a quienes viven oprimidos por el pecado y sus tinieblas.
Su primera venida es presentada como una acción bélica, en la cual los enemigos combatientes son bañados en sangre y fuego. 
Su victoria sobre el enemigo es contundente. Tal es la derrota que les inflige a los contrarios, que el botín es enorme, cuantioso. 
¿Es real la batalla? ¿Se derrama sangre y fuego sobre los enemigos del Mesías o es una alusión a su victoria a partir de lo único conocido, como las batallas y sus resultados?
Desde luego, la personalidad del Mesías despeja toda duda. A Pilato le dijo: «Mi reino no es de este mundo –contestó Jesús–. Si lo fuera, mis propios guardias pelearían para impedir que los judíos me arrestaran. Pero mi reino no es de este mundo». Juan 18:36 NVI)
Su llegada, descrita en términos militares hace hincapié en su poder, su aplastante victoria y la manifestación de su gloria en medio de un mundo sumergido en tinieblas, dominado por el pecado, el mundo, la carne y el diablo.
El NIÑO VENCEDOR es el Mesías encarnado. Su reino tiene el carácter de Dios, paz, gloria, luz, santidad, pureza, justicia y equidad, reino sin fin.

Isaías 10:1-6 (NVI) 
1¡Ay de los que emiten decretos inicuos y publican edictos opresivos! 2Privan de sus derechos a los pobres, y no les hacen justicia a los oprimidos de mi pueblo; hacen de las viudas su presa y saquean a los huérfanos. 3¿Qué van a hacer cuando deban rendir cuentas, cuando llegue desde lejos la tormenta? ¿A  quién acudirán en busca de ayuda? ¿En dónde dejarán sus riquezas? 4No les quedará más remedio que humillarse entre los cautivos o morir entre los masacrados. A pesar de todo esto, la ira de Dios no se ha aplacado; ¡su mano aún sigue extendida! 5«¡Ay de Asiria, vara de mi ira! ¡El garrote de mi enojo está en su mano! 6Lo envío contra una nación impía, lo mando contra un pueblo que me enfurece, para saquearlo y despojarlo, para pisotearlo como al barro de las calles. 
Los gobernantes injustos, quienes decretan leyes opresivas (en nuestro contexto mundial serían presidentes nacionales y alcaldes, diputados, senadores…) y saquean a sus gobernados, no están fuera del gobierno y señorío del Dios Eterno. 
Él tiene sus medidas de justicia, y los imperios de antes y de hoy no escapan de la manifestación de la ira de Dios. 
La ira de Dios es revelada, vista en las políticas intervencionistas de hoy, tanto como en las de ayer. 
Cuando una nación invade a otra, opinamos con ligereza, hablamos de actitudes imperialistas, que lo son. Hablamos de poder ultrajante, que lo es. Hablamos de orgullo, insolencia, y de naciones ensoberbecidas, que lo son, pero no hablamos de la intervención de Dios para llevar a cabo sus planes. 
Las naciones abusivas de hoy, con mentalidad imperialista están bajo el dominio y el poder y gobierno soberano de Dios, y Dios las va a castigar. 
Esas naciones, igual que Asiria, tienen sentido bajo la soberanía de Dios cuando imponen su poder a otras naciones, pero esa misma política intervencionista será castigada por quien pone las reglas de la justicia y equidad y ése sólo es Dios, quien impone sus caminos diseñados para que los recorran las naciones hacia el destino que él ha fijado. 
El profeta mismo presenta a Dios manejando a Asiria: 

Isaías 10:15 (NVI)
15¿Puede acaso gloriarse el hacha más que el que la maneja, o jactarse la sierra contra quien la usa? ¡Como si pudiera el bastón manejar a quien lo tiene en la mano, o la frágil vara pudiera levantar a quien pesa más que la madera!
Isaías 11:1-11 (NVI) 
1Del tronco de Isaí brotará un retoño; un vástago nacerá de sus raíces. 2El Espíritu del SEÑOR reposará sobre él: espíritu de sabiduría y de entendimiento, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del SEÑOR. 3Él se deleitará en el temor del SEÑOR; no juzgará según las apariencias, ni decidirá por lo que oiga decir, 4sino que juzgará con justicia a los desvalidos, y dará un fallo justo en favor de los pobres de la tierra. Destruirá la tierra con la vara de su boca; matará al malvado con el aliento de sus labios. 5La justicia será el cinto de sus lomos y la fidelidad el ceñidor de su cintura. 6El lobo vivirá con el cordero, el leopardo se echará con el cabrito, y juntos andarán el ternero y el cachorro de león, y un niño pequeño los guiará. 7La vaca pastará con la osa, sus crías se echarán juntas, y el león comerá paja como el buey. 8Jugará el niño de pecho junto a la cueva de la cobra, y el recién destetado meterá la mano en el nido de la víbora. 9No harán ningún daño ni estrago en todo mi monte santo, porque rebosará la tierra con el conocimiento del SEÑOR como rebosa el mar con las aguas. 10En aquel día se alzará la raíz de Isaí como estandarte de los pueblos; hacia él correrán las naciones, y glorioso será el lugar donde repose. 11En aquel día el Señor volverá a extender su mano para recuperar al remanente de su pueblo, a los que hayan quedado en Asiria, en Egipto, Patros y Cus; en Elam, Sinar y Jamat, y en las regiones más remotas.

In crescendo, el profeta avanza para llegar a la descripción de un mundo utópico, irreal, imaginario, fantasioso, donde la fauna convive entre sí, clases de animales imposible de convivir, como depredadores y sus víctimas en una relación idílica. 
Dios se hace presente por medio de su gloria, que desborda, como agua incontenible por la presa, para inundar todo el planeta tierra, y las naciones y etnias son envueltas por ella. 
Isaías presenta un mundo no imaginario, sino un mundo esperado por medio de la fe. Este mundo es fantasioso para quien tiene ojos de ciencia ficción, pero no de fe. 
La fe camina en el mundo de lo imposible, de esa imposibilidad propia de Dios, su campo exclusivo. 
A ese campo pertenece la fe. Sólo quien tiene fe verá la gloria de Dios, sólo quien tiene fe en La Palabra divina espera la realización de la profecía de Isaías, LA NUEVA CREACIÓN. 
De acuerdo con Isaías y los apóstoles, vendrá una nueva creación, la cual será la morada para el nuevo hombre, la nueva criatura en Cristo. 
Hábitat y humanidad nueva serán un conjunto planeado por Dios, prometido por él, proclamado como anuncio, promesa, profecía y destino eterno, preparado por Dios. 
La nueva realidad no es fantasía, pero es descrita en términos conocidos para anticipar el nuevo orden, la nueva naturaleza de todo el universo, flora, fauna, hombre, sociedad, en la nueva creación, que sustituirá cielos y tierra que desde ya anhelan la manifestación gloriosa de los hijos de Dios, en el decir paulino. 
Cristo, es el vástago, el renuevo prometido, descendiente de Isaí, que florecerá de un tronco a punto de morir (o ya muerto) que recibe nueva vida (imposible sacar vida de la muerte), como Lázaro sacado del sepulcro. 
Para todo creyente cristiano, la realidad de la victoria de Dios es vigente. En Cristo somos más que vencedores (en medio de muerte, acoso, inseguridad, persecución…) por la gracia de Dios. 
La fe del creyente no lo vacuna contra el miedo, pero sí lo empodera del poder de lo alto para depender del poder de Dios, no del suyo propio. 
Esperar en el Señor nos coloca en la realización del plan de Dios sobre nosotros como su pueblo, como el nuevo hombre en Cristo, como la nueva humanidad, como descendientes de Jesús mismo, como los moradores del nuevo planeta, en la nueva creación. 
Desde hoy el deleite de vivir la armonía de Dios en la nueva realidad es parte de la experiencia vivida por medio del Espíritu Santo que mora en el creyente, lleno de él, en la expresión de su fruto (amor, gozo, paz, paciencia…) que será la manifestación del carácter de todo cristiano en la nueva creación. 
Ya está la semilla en el creyente. Por lo tanto, nutrirse de La Palabra será lo esperado de toda persona que se diga cristiano. 
Amar a Cristo va de la mano de amar su Palabra, La Palabra única, eterna, real, asible, creadora, generosa en bendecir, redimir, salvar, dar vida abundante y eterna, para habitar, con ella, en ella, en la realidad de la gloria de Cristo.

Gocémonos, vivamos la dicha, gozo, amor y deleite en el más grande placer jamás concebido, ver la gloria de Cristo.