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domingo, 13 de marzo de 2011

JESÚS, EL TEMPLO DE ISRAEL

Estableceré mi morada en medio de ustedes, y no los aborreceré. Caminaré entre ustedes. Yo seré su Dios, y ustedes serán mi pueblo. Levítico 26.11-12 NVI

TEMPLO-MORADA

A la luz del Antiguo Testamento, Dios había prometido morar en medio del pueblo de Israel, su pueblo. Su morada sería el templo, llamado también casa, morada o habitación.
La primera “casa” es el Tabernáculo, “tienda de reunión”, donde se da el encuentro entre Dios y su pueblo. El tabernáculo es compañía constante de Dios para con su pueblo. A donde vaya el pueblo va Dios.
Una vez establecido en la tierra de Palestina, de ser nómada, Israel pasa a ser un pueblo sedentario, en la tierra prometida, y con Salomón el tabernáculo deja su función de “morada de Dios”, para dar paso el templo, la nueva “casa del Señor”.
Con el tabernáculo el Señor iba con su pueblo por todos lados, y con el templo el Señor se queda a vivir con y entre ellos.

JESÚS TABERNÁCULO, MORADA DE DIOS ENTRE LOS HOMBRES

Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan 1.14 NVI

Jesús el Mesías de Dios es cumplimiento de La Escritura, de las promesas de Dios a su pueblo. En él Dios hace su tabernáculo entre los hombres, camina con ellos, vive entre ellos. La palabra para “habitó” en Juan 1.14, es “tabernaculó”, hizo su habitación, su morada entre nosotros.
Así como en el tabernáculo del Antiguo Testamento la gloria de Dios se hacía visible, de Cristo el apóstol Juan testifica haber contemplado la gloria de Dios en él.
Sin embargo, en Cristo la gloria de Dios era permanente. No descendía, se manifestaba y después la gloria lo dejaba, sino que permanecía en él por ser Dios entre los hombres, Emanuel, “Dios con nosotros”.
Jesucristo es el tabernáculo de Dios, la morada de Dios entre los hombres, es Dios cumpliendo su promesa al pueblo en Cristo.

TEMPLO RESTAURADO—RESURRECCIÓN

Destruyan este templo, y en tres días volveré a levantarlo. Los judíos le dijeron:
—Cuarenta y seis años se ha trabajado en la construcción de este templo, ¿y tú en tres días lo vas a levantar?
Pero el templo al que Jesús se refería era su propio cuerpo
. Juan 2.19-21 DHH

El templo de Dios es destruido (crucifixión) y Dios lo restaura, lo reconstruye (resurrección). El templo donde se hacían los sacrificios fue destruido por el general romano Tito. Con ese templo confundieron los judíos las palabras de Jesús. Creían que Jesús se refería a ese templo.
Pero el verdadero templo al que se refería Jesús era su cuerpo, el templo prometido por Dios, la morada en la cual habitaría y viviría entre los hombres.

TEMPLO, LUGAR DE ENCUENTRO

Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí. Juan 14.6 RV60

Primero el tabernáculo, y después el templo, son, ambos, lugar de encuentro entre Dios y el hombre. Para llegar a Dios hay que acudir al templo, Jesús es el camino (templo) para llegar a Dios.
Si no se acude a Jesús (el camino a Dios), es imposible llegar a Dios. Hay un templo, un lugar donde se ve la gloria de Dios, y ese templo es Cristo.
En ese templo (Cristo) se hace el único sacrificio que posibilita la reconciliación entre el hombre y Dios, el único sacrificio definitivo.
Llegar a Dios con el único sacrificio que le agrada, es posible sólo en Cristo. Por eso es que el Unigénito Hijo de Dios puede afirmar categóricamente: “Pues yo les digo que aquí está uno más grande que el templo”. Mateo 12.6 NVI
Él era el templo supremo, único, cumplimiento del plan divino.

JESÚS, TEMPLO, MORADA DEFINITIVA, ETERNA

Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Apocalipsis 21.3

No vi ningún santuario en la ciudad, porque el Señor, el Dios todopoderoso, es su santuario, y también el Cordero. La ciudad no necesita ni sol ni luna que la alumbren, porque la alumbra el resplandor de Dios, y su lámpara es el Cordero. Las naciones caminarán a la luz de la ciudad, y los reyes del mundo le entregarán sus riquezas. Apocalipsis 21.22-24 DHH

El futuro templo de Dios, Jesús, mostrará la gloria del Dios todopoderoso. Su gloria llenará la tierra como las aguas cubren la mar.
La descripción de luz que hace innecesaria otra, como la del sol o la luna, expresa de modo vívido cómo será su gloria en la nueva creación.
La gran voz del cielo muestra el cumplimiento definitivo, pleno y total, de la manifestación de Dios entre los hombres, sin más preámbulos ni promesas por cumplir.
Cristo, el cordero, es el santuario que esperamos, el camino, la casa de Dios entre nosotros; y cercano está el día en que su gloria será permanente, para nuestro gozo, consuelo, dicha, y para la gloria de Dios.

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