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miércoles, 3 de mayo de 2017

LENGUA, VIDA, MUERTE, DECRETAR, DECLARAR, PROFETIZAR...

LENGUA, VIDA, MUERTE, DECRETAR, DECLARAR (FE EN MI PALABRA, NO EN LA DE DIOS)

La vida y la muerte dependen de la lengua; los que hablan mucho sufrirán las consecuencias. Encontrar esposa es encontrar lo mejor: es recibir una muestra del favor de Dios. Pr. 18.21-22 DHH
Cristianos creyentes hay, no con fe en Dios, sino en disparates.
Una muestra contemporánea es la fe en lo esotérico, consistente en «declarar» o «hacer oraciones proféticas», «decretar»…
Eso es hacerle al mago. (O al maje.) ¡Como si por repetir algo con fuerza, en voz alta se fuese a cumplir, sólo porque uno lo dice!
No falta quien manipule a su congregación a voltear a los cuatro puntos cardinales y repetir en cada dirección «declaro…»; «decreto…» ¡Y de verdad creen que eso sucederá sólo porque uno lo dijo!
Lo peor es que el líder religioso les haga creer en sí mismos, en su propia palabra, no en La Palabra, en la de Dios.
¿De dónde sacan que por haber declarado algo se cumplirá? ¿Por qué llegan a creer sus propias disparatadas? ¿En qué se fundamentan para creer en sí mismos? ¡En su egoísmo! ¡Son autoidólatras! ¡Desprecian a Dios!
El proverbio es claro con respecto al uso de la lengua: «…los que hablan mucho sufrirán las consecuencias».
¿Cómo la vida y la muerte dependen del poder de la lengua cuando se habla mucho? ¿De qué manera dependen de ella y su uso?
Eso nos puede quedar claro si aplicamos la sensatez en la vida. Ejemplo. Un boquiflojo, suelto de lengua habla mucho, al grado de poner su vida en peligro… ¿qué habrá dicho para alguien le quiera quitar la vida?
Leamos con cuidado La Escritura. El versículo 13 dice que es necedad responder sin escuchar. El 17 Habla de contiendas, defensas y desmentidos. El 18 de fin de juicio a partes en pleito y de separación de partes en pugna. El 19 de hermanos ofendidos que se cierran a todo arreglo, sin disposición a llegar a ningún acuerdo, con la muerte de toda relación familiar, social, de amistad… el 20 de las consecuencias de lo que uno habló… Y el 21 habla del fruto final de haber hablado tanto y del resultado final: mantener viva una relación, la propia o la pérdida de relaciones importantes y lo doloroso de la pérdida.
Un buen fruto del buen uso de la lengua, es tener esposa. Alguien la conquistó. Alguien pidió esposa, la recibió, supo pedirla, supo esperar, y Dios fue bueno, contestó la petición y el peticionario palpó la bondad de Dios.
Desde esta perspectiva se puede ver que la palabra, el uso de la lengua puede ejecutarse con un buen propósito: buscar esposa.
Dicho de otro modo, se puede buscar esposa con la lengua, con el uso de la palabra cuando ésta se convierte en petición.
¡Y no tiene nada que ver con declarar! ¡O con decir «no lo recibo»!
Tiene que ver con usar bien la lengua: con hablarle a Dios y exponerle su petición y esperar con fe en que el Señor contestará.
Nada que ver con «decláralo», «decrétalo», ni con la fe puesta en uno, sino en Dios.
Sólo Dios puede dar vida. Uno se une a su esposa y la vida viene de él, no de la lengua.
La vida, en cambio, lo puede uno quitar si asesina, y con la lengua se puede asesinar de manera simbólica, pues con ella se puede poner fin a relaciones importantes.
Si un buen uso se le puede dar a la lengua, es la de orar, clamar a Dios, y sobre todo adorar, declararle el amor por él, alabarlo…
Hacer buen uso de la lengua edifica vidas, como en la familia, afirmar hijos, varones o mujeres con carácter firme, sólido, robusto.
La palabra que edifica bendice, anima, fortalece, alienta y forma una persona alegre, con determinación en su vida.
Sabe elegir, es prudente, sabia, entendida, madura, y ama a Dios, vive para él lo adora, ha entendido que el sentido de la vida lo da él.
Como persona entendida sabe mantener relaciones (maduras ellas también), y su círculo de amistades son fuertes, solidarias, comprometidas y participativas.
Al paso del tiempo se convierten en amistades para siempre, como dice el versículo 24: «Algunas amistades se rompen fácilmente, pero hay amigos más fieles que un hermano».
De la amistad dijo el Señor Jesús: «Nadie tiene mayor amor que éste: ‹que uno ponga la vida por sus amigos, y ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando›».
Forjar amistad con Jesús, como amigo, y con los amigos de Jesús, eso es ser sabio.
Al mismo tiempo el buen uso de la lengua consiste en hacer más amigos para Jesús, y eso se logra hablándole al mundo de nuestro amigo, para que del mundo mucha gente también quiera ser amiga de él.
El anuncio del evangelio no se reduce a presentar al Señor Jesús como salvador y Señor, pues quien lo acepte como amigo terminará reconociéndolo como tal en todas las áreas de su vida.
Este mundo está urgido de bendición que salga de sus bocas, urgido de la buena palabra desde su corazón, pero no hará buen uso de la lengua hasta tener el señorío de Cristo en sí mismo, en que cada persona reconozca quién es Cristo.
Por eso anúncialo, predica la buena amistad, comparte la tuya, comparte a Cristo.

1 comentario:

  1. Tengo una duda, tengo el poder? O solo es la posibilidad de hacer más amigos para Jesus? O Jesus ya sabe quienes son sus amigos?

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