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lunes, 21 de febrero de 2011

CRISTO, CUMPLIMIENTO DE LEY, PROFETAS Y ESCRITOS

No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos sino a darles cumplimiento. Mateo 5.17 NVI

Dios ha dado en Cristo para siempre su “sí”, pues en él se cumplen todas las promesas de Dios
… 2 Corintios 1.19b-20a DHH.

Haré que tú y la mujer sean enemigas, lo mismo que tu descendencia y su descendencia. Su descendencia te aplastará la cabeza, y tú le morderás el talón. Génesis 3.15 DHH

Pues en Cristo quiso residir todo el poder divino, y por medio de él Dios reconcilió a todo el universo ordenándolo hacia él, tanto lo que está en la tierra como lo que está en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que Cristo derramó en la cruz. Colosenses 1.19-20 DHH

La Escritura tiene un personaje central: Dios y su gloria manifestada en Cristo. El Mesías ocupa el centro de profecía, alabanza, esperanza y motivo de adoración.
Él habrá de redimir al hombre, segundo personaje en importancia en La Escritura. El hombre pecó y después de su pecado La Biblia revela el remedio al pecado de la humanidad: el sacrificio de Cristo cuya naturaleza es amor.
La Biblia expone a Cristo desde sus inicios, en el relato del pecado de Eva y Adán. La descendencia de Eva acabará con la de la serpiente, y la descendencia de ésta herirá a la descendencia de Eva.
Tal descendencia es Cristo, prometido aquí, en el relato llamado “protoevangelio”. Cristo se hizo hombre a fin de darle pleno cumplimiento y significado a la Ley, los salmos y los profetas (división del A.T. usado por Lucas).
No es una nación (Israel) ni el ser humano (hombre) el centro y cumplimiento de los propósitos de Dios, sino Jesús, el Mesías.
Toda profecía apunta al Mesías, ya sea profecía o promesa hecha a Abraham o David. Él es la descendencia prometida a Abraham, por medio de la cual Dios le daría una descendencia “más numerosa que las estrellas”.
Con respecto a David, ni duda cabe de que ninguno de sus hijos llena el cuadro descrito por Dios, de que le daría un hijo cuyo reino sería eterno, justo, misericordioso y sabio.
Mateo dice a menudo en su Evangelio, al hablar de Cristo y detalles de su vida: “Esto sucedió para que se cumpliera lo escrito por el profeta…”
Para la visión de Mateo, que permea todo el Nuevo Testamento, y el apóstol Pablo lo confirma en todas sus epístolas, no hay sino una sola persona cuya nacimiento, ministerio, y un fuerte hincapié sobre su muerte en la cruz y su posterior resurrección: Cristo.
Él y en él, se cumple toda profecía, toda promesa. Él es el corazón de los propósitos divinos, y a él apunta la consumación de todo el plan eterno de Dios.
Y todo habrá de ser culminado en su segunda venida, con la implantación del reino de los cielos en los nuevos cielos y nueva tierra.

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