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martes, 15 de febrero de 2011

LA LEY Y LOS PROFETAS

LA LEY Y LOS PROFETAS

…y uno, que era maestro de la ley, para tenderle una trampa, le preguntó: —Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley? Jesús le dijo: —‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.’ Este es el más importante y el primero de los mandamientos. Pero hay un segundo, parecido a este; dice: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo.’ En estos dos mandamientos se basan toda la ley y los profetas. Mateo 22.35-40

Pornografía infantil, violaciones sexuales, pederastia, abuso de niños por parte de religiosos o irreligiosos, asesinatos, adulterios, perversiones sexuales… causan escándalo.
Mientras se trate de algo que ofenda visiblemente a la sociedad, ésta se escandaliza. Todo pecado grotesco es motivo de asombro.
Sin embargo hay un pecado que empieza por el mandamiento más importante y jamás nadie se escandaliza. Todos los días, en todo el mundo se quebranta, delante de todo mundo, literalmente todo mundo, y nadie hace alharaca, nadie se indigna y nadie hace ruido, ni mención del pecado, ni causa escozor.
¿Cuál es ese pecado que empieza por el mandamiento más importante? NO AMAR A DIOS CON TODA LA PASIÓN PERSONAL.
Dios es sustituido en todo el mundo por otros dioses ajenos delante de él, sobre todo aquello que sea proporcione placer en cualquiera de sus manifestaciones.
Se ama todo lo que sea motivo de placer: trabajo, deporte, estudio, negocios, política, empresa, juego, cultura…
Y el ser humano se da a la tarea de vivir con pasión dicha área, que ocupa el lugar de Dios. Con toda pasión se entrega a adquirir cultura, hacer negocios, levantar empresas, hacer deporte… porque todo ello fortalece el ego que, a medida que cosecha triunfos, se erige en su propio dios. Y uno llega a ser el centro de culto a sí mismo.
Y nadie se escandaliza. En todo caso la persona que triunfa llega a ser el centro de admiración para mucha gente.
Amar a Dios con toda pasión (mente, alma y corazón) engloba a todo el ser humano: emociones, planes, pensamientos, sentimientos, voluntad, planes, visión de vida… conduce a un deleite superior al placer carnal cuya extensión en tiempo tiene una paupérrima limitación temporal, mientas que el deleite en Dios no caduca, no termina, no se agota en lo temporal ni se va por el drenaje de la historia.
Con Dios, el deleite que viene de él trasciende de la historia a la eternidad para no cesar jamás.
Cumplir la Ley y los profetas empieza con el mandamiento más importante de la Ley, amar a Dios.
Empieza bien, por el principio, ama a tu Señor y Dios. Cristo es la vía, el modelo, la realidad del cumplimiento pleno de la Ley.
Él la cumplió cabalmente y como pastor y guía la cumple vicariamente por nosotros a fin de que una y otra vez empecemos, cada día, amando a Dios.

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