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sábado, 24 de diciembre de 2011

NUEVAS DE GRAN GOZO

No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.
Lucas 2.10-11
Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Marcos 1.
Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; 2por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. 3Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras… 1Corintios 15.1-4

¿QUÉ ES EL EVANGELIO?
NO ES UNA BIOGRAFÍA. Quizá algo que podemos decir que No es el evangelio, es que no es una biografía.
Al leer el evangelio advertimos el desbalance. Tenemos en el relato del evangelio nacimiento, muerte y resurrección.
Rasgo sobresaliente en el evangelio es la historia. No se puede prescindir de acontecimientos reales. El evangelio no es sólo el registro de algunos acontecimientos relacionados con la vida de un judío descendiente del rey David, pasando por la estirpe de Abraham.
El evangelio está hecho del nacimiento, la prédica, la muerte, la resurrección y la ascensión de un hombre que dijo ser el Mesías y la confirmación de quienes fueron testigos de tales acontecimientos, que a su vez transmitieron su testimonio y formaron una cadena de testigos a lo largo de la historia.
A diferencia de quienes tienen una fe basada en relatos de los cuales no importa si los protagonistas existieron o no, en el evangelio la historia es fundamental.
Pablo afirma que si Cristo no resucitó, tenemos una fe vana, sin sentido, hueca, falsa, mentirosa, pues nuestra fe descansaría sobre la imaginería, sobre el fanatismo o sobre el engaño.
Más aún, la historia tiene un escenario de fondo, y tiene que ver con el elemento profético, con el factor esencial de una historia que se escribe siglos antes de que el acontecimiento suceda. Profecía, predicción, anticipación, todo en Cristo es historia. Declarada en fe por profetas, declarada en promesa por Dios, realizada en plenitud por Cristo, quien es el centro, el eje y la meta de toda profecía en el Antiguo Testamento.
Con respecto a las etapas de su vida, veamos a continuación una reseña.

NACIMIENTO
El nacimiento y la resurrección, en los relatos de los cuatro evangelios ocupan un espacio breve.
En Mateo el nacimiento de Cristo está precedido por la intención de José de dejar en secreto a María, seguido de la revelación de un ángel, que le revela a José los planes de Dios.
A continuación tenemos la visita de los sabios de Oriente, la matanza de los niños, la huida a Egipto, el regreso de allá y su asentamiento en Nazaret.
En Marcos no tenemos relato de la infancia, sino la entrada abrupta del Señor Jesús después de la presentación del Bautista.
En Lucas tenemos un poco más del relato del nacimiento de Cristo. Un ángel se presenta con María, quien visita a su prima Elizabet, madre de Juan el Bautista, la participación de Zacarías, padre del Bautista, el nacimiento de Cristo en el pesebre, anuncio de los ángeles a los pastores y su adoración al niño nacido, la presentación de Cristo en el templo y su posterior asentamiento en Nazaret.
En Juan no tenemos nada del nacimiento.

MUERTE
Los fariseos le demandan a Cristo una señal del cielo para tentarlo, y él les da el referente de su muerte y resurrección aludiendo a Jonás.
Mateo tiene el relato a partir del capítulo 16, de 28 que tiene.
Marcos tiene el relato en el capítulo 8, de 16.
Lucas tiene el mismo relato a partir del capítulo 11, de 24.
¿Y Juan? No menciona el nacimiento, ¡pero su relato de la muerte empieza en el capítulo 2! Y tiene 21.

NUEVAS DE GRAN GOZO
No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Lucas 2.10-11
En Lucas tenemos el relato la noche misma de los acontecimientos, los ángeles dando la noticia a los pastores, el alumbramiento de María en un establo, la jovencita arropando al niño, José apoyando a su mujercita, el mesón lleno de gente impía, que ni siquiera fingió compasión para que la jovencita que estaba por dar a luz fuera atendida… los pastores visitando el establo, regresando al campo, comentando los acontecimientos…
Sólo por aclarar, en Mateo el relato de la visita de los magos no corresponde a la noche del nacimiento, pues cuando llegan a visitar al niño Jesús éste tiene ya alrededor de dos años y está en casa.
Cristo, el deseado de las naciones llega con todo su ser divino, con todo el respaldo de Las Escrituras, que apuntaban a él, señalaban a él como la persona en quien Dios cumpliría todos sus planes y quien cumpliría con todo el plan redentor de Dios. Era Dios mismo hecho hombre, habitando como y entre los hombres.

SALVADOR, CRISTO y SEÑOR
Para los cristianos no es extraño hablar de Jesús como Salvador, Cristo y Señor, por el trasfondo que tenemos como redentor.
Sin embargo, como israelitas, como ciudadanos judíos, hablar de Jesús como Salvador, Cristo y Señor, significaba tener en mente otra realidad.
SALVADOR. Para un judío, pensar en un salvador evocaba un héroe guerrero, un caudillo capaz, fuerte, vencedor, arrollador. Un personaje así era Gedeón, llamado por Dios a liberar al pueblo judío de la opresión de Madián, en una memorable batalla cuando los madianitas sufrieron una catastrófica derrota, y Dios mostró su gloria en el acontecimiento, valiéndose de su ministro Gedeón y su pueblo.
Un salvador pues, reúne rasgos particulares relacionados con el poder militar, económico, social y político.
CRISTO es el término griego para referirse al Mesías, palabra hebrea que se traduce como Ungido.
Ungidos eran los sumos sacerdotes, profetas y todos los reyes del pueblo judío. Ser ungido significaba ser portador del Espíritu de Dios, consagrado para mostrar el poder, la sabiduría y el liderazgo divino.
Ungido, en hebreo se dice Mashíaj (Mesías) y con toda certeza se hacía referencia a un hombre designado por Dios para ser el Ungido de ungidos, el Mesías de todos los mesías. Para referirse a él específicamente se hablaba de «El Mesías», para distinguirlo de todos los demás.
A Juan el Bautista se le cuestionó si era «El Mesías», y con determinación respondió «no», y tanto él como los enviados por las autoridades sabían de qué Mesías hablaban.
«El Mesías» era esperado por todo el pueblo de Israel, de ahí que cuando los ángeles les revelan a los pastores dónde ha nacido «El Mesías», los pastores saben de qué Mesías se habla.
CRISTO EL SEÑOR. Hablar del Mesías como «Señor» ubica al Mesías en otra dimensión de importancia, calidad, trascendencia y naturaleza.
Hablar de Jesús como «Cristo el Señor», lo define como ese salvador esperado, pero con connotaciones de divinidad, pues «Señor» es la palabra para referirse al Eterno (Jehová o Yavé), sin mencionar su nombre santo.
En la revelación dada por los ángeles se definen los rasgos del bebé: como salvador liberará al pueblo de una manera poderosa; como Mesías manifestará la presencia del Espíritu de Dios en su persona y como Señor será Dios mismo caminando entre los hombres. Por lo tanto, la liberación será espiritual, el poder se manifestará liberando a su pueblo de los lazos más poderosos que mantienen atados a los hombres al pecado, bajo la esclavitud del diablo.
Los judíos esperaban un liberador político, y estaban en lo cierto, el Mesías impondría un gobierno político.
Los judíos esperaban un líder que pusiera al pueblo de Dios a la cabeza de todas las naciones, con un dominio sobre todo el planeta tierra, y estaban parcialmente en lo cierto.
Los judíos esperaban que el Mesías fuera un hombre sabio, lleno del Espíritu de Dios, y estaban plenamente en lo cierto.
De igual manera esperaban un profeta del nivel de Moisés, un líder que hablara con Dios como habla un hombre con su amigo. Y Jesús era ese profeta.
También esperaban un rey cuyo gobierno se manifestaría de mar a mar, un rey global (en su limitado conocimiento geográfico) y estaban en lo cierto.
Su conocimiento del Mesías era parcial, pues ignoraban que sería Dios mismo hecho hombre. Igual era con respecto a su liberación, pues su concepción de esclavitud se reducía a lo político, sin considerar la peor esclavitud (espiritual), ni la mejor y más trascendente liberación (espiritual) que rebasaría la condenación eterna.

PROFECÍAS CUMPLIDAS
En este niño Dios cumple promesas redentoras. Quien crea en él será libre de la peor esclavitud, pero al mismo tiempo gozará de la libertad en un nivel y trascendencia que nadie haya conocido jamás.
Satanás engañó a Adán y Eva, haciéndoles creer que al hacerse autónomos encontrarían un deleite y un placer hecho a su medida. Es más, que ellos mismos fabricarían un placer de acuerdo con sus expectativas, al grado de que su placer tendría dimensiones divinas, pues «serían como Dios…»
Jamás vieron la dimensión verdadera, de que Dios, como creador, como fuente de todo lo que da placer en el universo era el placer mismo de la creación, por ser él mismo el amor, la gloria en persona, quien da el gozo y la alegría por ser la fuente de todo ello.
Su autonomía los desvinculó de la fuente de dicha, gozo, placer, deleite, alegría, amor, paz, bondad…

NUEVAS DE GRAN GOZO
La dádiva de Dios rebasó las expectativas humanas. Trabajadores del campo, un oficio nada remunerado, reciben la visita de los mensajeros de Dios.
Un rey hace visitas de estado, a jefes de estado. Un presidente a presidentes o reyes. Este Ungido no visita a jefes de estado. Visita a gente cuya posición no goza de niveles de privilegio, ni de reconocimiento social masivo.
Este Mesías visita a gente que no es de la elite, ni famosa, ni de peso social. Visita a los menospreciados, a «los de abajo» diría un escritor mexicano, a «los miserables» hubiera dicho un escritor francés.
Los pobres y humildes están en el corazón de Dios, son la meta del Mesías. No tienen por qué considerarse más menospreciados, ni rebajados, ni parte de la escoria. Por el contrario, son estimados en gran manera a los ojos de Dios.
El «gran gozo» es para ellos. Su necesidad no es dinero, ni cambio de empleo, ni ascenso de nivel social, ni ganar reputación o cambiar de área laboral, o de etnia… de hecho, los pastores regresan a sus labores…
¿Entonces qué cambió? ¡Vieron la gloria de Dios! ¡Comprobaron que las profecías se cumplían en ese niño! ¡El niño era cumplimiento de las promesas divinas al pueblo de Israel!
¿Cuál era la fuente del gran gozo? ¿En qué consistían esas nuevas? En el nacimiento de un niño. El niño era el portador del gozo, la dicha y la gloria de Dios.
Él liberaría al pueblo de Dios de lo que lo mantenía atado a la esclavitud de muerte, y les daría vida.
Él les transformaría la tristeza en gozo, la condenación en salvación, la muerte en vida, la agonía en dicha, la ansiedad y depresión en ojos plenos de luz, amor y paz por contemplar y ser llenos del gozo que nada puede dar.
No vivirían más en el engaño de que el hombre puede lograr su gozo. Con la revelación dada por la verdad acerca de la pobreza humana y la riqueza divina, ahora el gozo se ha manifestado en la tierra.
Ha empezado la extensión de ese gozo y de la gloria de Dios, sobre el planeta tierra, para llenar, «como las aguas cubren la mar» de su gloria la tierra.

ADORACIÓN, RESPUESTA HUMANA
Adoremos a este niño. Dios no espera menos de nosotros. Adorarlo, amarlo, vivir para él, agradarlo, complacerlo, y ver su gloria, será la significación de la vida, el sentido de la existencia, y reconocer que no somos libres sin adoración.
No podemos vivir más en las tinieblas del engaño, ni en la inseguridad de un destino incierto.
No, vivimos con una certeza: Dios, su gloria, adorarlo, le dan sentido a la vida. La meta de toda existencia es adorarlo, reconocer su divinidad, su grandeza, su excelsitud, su poder y majestad, su ser inigualable, su santidad incomparable, su amor, pureza y sabiduría, su paz y bondad, el brillo de santidad y pureza que nada puede ni igualar ni opacar, manifestados en un niñito amado.
Adorarlo, vivir para él, como sentido de la vida, nos guía, no a cantarle y reducir la adoración a un «simple canto» ni a una limitación musical…
Adorarlo, como sentido de la vida, nos lleva a vivir haciendo todo para su gloria: trabajar, estudiar, mantenernos libres de hábitos pecaminosos, resistiendo al diablo, ver la historia no bajo el pesimismo político, sino con la visión esperanzadora llena de la expectativa de que la gloria de Dios se va extendiendo por todo el planeta, por toda etnia, liberando a más personas para su gloria, para ser parte de su pueblo que lo alaba, pero por sobre todo que lo obedece.
Parte de la adoración consiste en anunciar el evangelio, al anuncio de que el niño es el Mesías. Si cuatro personas escribieron acerca de él y llamaron a sus escritos «Evangelio», eso nos ha de dar la señal de la importancia de extender su mensaje, además de ser una tarea dada por Cristo para sus discípulos.
Un hombre vivió para ello, la historia de Cristo, la veracidad y verificabilidad del evangelio se hicieron carne en él, por eso escribió: « Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras…» Historia, no ficción, acontecimientos, no mitos, eso es el evangelio.
Adorarlo también es predicarlo. Adorémoslo cada día.

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